Voces que presagian muerte y proclaman racismo. Voces de odio y de venganza pronunciadas por la sacerdotisa del nuevo partido de élite, Sarah Palin, vocera de lo ordinario que es el caldo de la venganza. Voces que dicen que América está regresando a Dios, para después asesinar en Su nombre a todo lo que se parezca a cambio, a mejoría de minorías, a paz mundial. Y todo bajo la mirada del gran republicano que abolió la esclavitud, pese a saber que con esa abolición se iba a desatar la guerra más sangrienta que se ha librado en suelo norteamericano. Desde su trono que domina el Lincoln Memorial con su mirada fija en los descendientes de los antiguos dueños de hombres y mujeres que vivían en servidumbre eterna, Abraham Lincoln fue testigo de lo que se podría tomar como el primer llamado a la insurrección clasista y racial, al atacar abiertamente los dirigentes del Tea Party a la presidencia de la nación, hoy ocupada por un hombre que es precisamente del color de los hombres que fueron liberados a sangre y fuego de sus cadenas raciales.
La divisa del partido de ultra derecha, cuyo nombre por si solo indica su exclusivismo social, ya que no todos son invitados a tomarlo a las cinco de la tarde, es “Estados Unidos está regresando a Dios,” manipulando de esa forma la religión para guiar al país por los derroteros de de la violencia, el caos y la anarquía.
La concentración de miles de ultra conservadores exclusivamente de raza blanca, fue intencionalmente programada en el día en que Martin Luther King, desde es mismo lugar, pronunció el que se considera su mejor discurso por los derechos de los de su raza, el 28 de Agosto de 1963. “Tuve un sueño,” dijo el mártir de los derechos de los hombres y mujeres de su raza y en él describía el triunfo de sus esfuerzos en pro de la igualdad civil de todos los ciudadanos de Estados Unidos, sin imaginar que 47 años después, desde ese mismo escenario, los enemigos jurados de su raza y de todas las razas que no sean la blanca, iban a convertir ese sueño en pesadilla, al proclamar que “ya es hora de restablecer el honor del país,” según ellos perdido por los avances logrados dentro de la sociedad norteamericana.
Obama instituyó el socialismo en los Estados Unidos, dijo Sarah Palin en el colmo de su ignorancia y fanatismo político. Los Estados Unidos, según su política fiscal, ha sido el país más socialista del mundo, pero con libertad, con democracia, con progreso y con leyes. Una forma de compartir la riqueza de los que tienen con los que no tienen, es una política fiscal estricta y eso es lo que existe en los Estados Unidos.
El Tea Party está haciendo resonar los tambores de Crazy Horse y Sitting Bull llamando a una guerra civil de incalculables consecuencias. Solo a un alucinado se le puede ocurrir creer que un partido político con el bagaje de racismo y clasismo que carga el Tea Party, pueda ser la solución para una nación hastiada de favoritismos que solo pobreza le ha traído a la clase trabajadora. La sabiduría de ese pueblo que ha sido capaz de elegir a verdaderos reformadores sociales y políticos, sabrá aplicar la dosis necesaria de cordura en las mentes de sus habitantes, para hacer desaparecer del mapa político a esos partidos que representan todo lo contrario de lo que manda la Constitución. El Tea Party y su supuesta candidata a la presidencia de lo que habla es de desunión, de exclusivismo, de plutocracia, de venganza y de su parte regresaría a la época de los Estados separatistas con pretensiones de nobleza francesa, en donde dejaron su piel y su sangre los negros llegados de Africa para convertirse en mano de obra esclava en los algodonales del sur. Hubo necesidad de una cruenta guerra civil para abolir la esclavitud, en la que murió la cuarta parte del padrón electoral de las elecciones de 1860, el cual era de cuatro millones de votantes, o sea un millón de muertos en combate entre las dos facciones. Eso equivale a la cantidad de casi veinticinco millones de muertos, tomando en cuenta el padrón electoral actual, de darse otra guerra de secesión, algo posible dada la virulencia racial contra la presidencia de la nación. Pero Robert E Lee será siempre derrotado por Ulises S Grant, no en la legendaria batalla de Appomattox, sino en la de Potomac y de nuevo el vendaval del progreso y la justicia volverá a arrasar las ciudades y los campos de los que quieren imponer la desigualdad ciudadana, llevándose al olvido las teorías obsoletas de los enemigos de la igualdad con derechos y obligaciones. Y entonces, las voces de muerte dejarán de sonar cerca del Potomac.
Jorge J Cuadra V
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