El diario granadino EL CORREO (1913-1934), fué fundado por quien fuera su Director, Carlos Rocha Avellán y es sobre todo recordado por haber dado acogida a las publicaciones literarias del Movimiento de Vanguardia, "Rincón de Vanguardia" y "Página de Vanguardia", a cargo de Pablo Antonio Cuadra Cardenal y Octavio Rocha Bustamante, hijo éste último de don Carlos y padre de Luis Rocha Urtecho, quien, junto con su nieto Luis Javier Espinoza Rocha, retoman hoy "El Correo Nicaragüense"; un blog pluralista, que agradece la reproducción de su contenido.

domingo, 12 de junio de 2011

IGLESIA VIVA

FULGENCIO MAYORGA

FINÍSIMO. Y aquí se acaba el poder de los superlativos. ¿Finísimo? Mucho más que eso. No era de los que hablan y hablan, en voz alta, haciendo mido con la vulgaridad de las palabras; no era de los que se sientan en asamblea de burladores; ni de los que escriben artículos de periódico, adulando o insultando; no.

Fulgencio Mayorga era hombre silencioso. Silenciosamente bello. Sabía rezar, sabía pensar. De manos limpias, la política nada tuvo que ver con él. De lengua sabia, dijo palabras humildes, piadosas y caritativas, a la derecha, sin tomar nunca a la izquierda, el maldito camino de las blasfemias y de las pantomimas: Ya te había dicho, querido amigo, que era un hombre finísimo.

Si tienes la inteligencia como un rosal, tu rosa mejor será la humildad; si tienes el corazón como una mata de claveles, tu clavel mejor será la caridad; y si tienes una voluntad bella, como a veces, en los jardines, siembran una línea recta de lirios, tu lirio mejor será la honradez; y luego vas por los caminos de los hombres, llevando en los ojos, en los labios y en las manos, la gracia de aquella rosa, la misericordia de aquel clavel y la castidad de aquel lirio ... En verdad, en verdad te digo, que dirán todos, hablando en el lenguaje de los niños, y con la dulzura de los corderos recién venidos de la fuente: Era un hombre finísimo.

NARCISO MAYORGA, h.

EL DOLOR que sentimos por la muerte de un amigo, es un misterio inefable. Una isla de silencio, completamente rebelde al señorío de las palabras. Una flor nunca vista de colores que yo no nombrar. Solamente, los perfumes de la nunca vista flor, han dejado la rosa de mi alma empapada en nostalgia. Me parece mentira que se haya muerto. Y siento aún apoyada en mi mano, su mano cariñosa de hermano menor. Y sus ojos siguen mirándome con sus miradas amigas. Y su voz permanece en mis oídos, buena y familiar, como el encantado murmullo de un ojo de agua que habíamos conocido desde que éramos niños.

La muerte de un amigo significa que en nuestra vida claro-oscuro, lo claro va de mengua. Rosa, lila tierno, amarillo suave, anaranjado, verde glauco, verde esmeralda, azul de veraneras azules... el camino deja sus curvas floridas y entra cruel, en línea recta, como la justicia de un banquero, en los arenales del desierto. Y mientras va la vida por los arenales del desierto, grita la antipatía sus prosas en gris mayor; morado, amarillo vivo, verde oscuro, rojo encendido.

Dije que su voz permanece en mis oídos, como el encantado murmullo de un ojo de agua que habíamos conocido desde que éramos niños, porque nuestra amistad fue así. Su alma y la mía eran hermanas en los ojos de agua. Almas primitivas y matinales que sólo sienten el en- canto de la vida en el silencio de los caminos, cuando va cayendo la tarde y detrás de los árboles amigos comienzan a levantarse las primeras estrellas; o cuando en las mañanitas inocentes, los ciervos huraños, las cabras atrevidas y las ardillas locas esn de fiesta y el ojo de agua murmura, tímido, su misma canción: su poema de estrofas uniformes donde se repite el mismo consonante, ni más ni menos, como el Arcipreste de Hita en su libro «De Buen Amor».

En la mejor de las inscripciones que yo conozco dice así: «Conocidos muchos, amigos pocos, madre una». Amigos pocos. Por eso, ahora que este amigo mío de verdad, ha sido llamado por el Señor de vivos y muertos, repito: Solamente los perfumes de la nunca vista flor han dejado la rosa de mi alma empapada en nostalgia.

Narciso: «No es cierto que hayas abandonado la dulce luz: vives con Cristo».


Nota:

Artículo para nuestra sección dominical IGLESIA VIVA. Tomado de "El Libro de las Palabras Evangelizadas", del poeta y sacerdote Azarías.H.Pallais

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