El diario granadino EL CORREO (1913-1934), fué fundado por quien fuera su Director, Carlos Rocha Avellán y es sobre todo recordado por haber dado acogida a las publicaciones literarias del Movimiento de Vanguardia, "Rincón de Vanguardia" y "Página de Vanguardia", a cargo de Pablo Antonio Cuadra Cardenal y Octavio Rocha Bustamante, hijo éste último de don Carlos y padre de Luis Rocha Urtecho, quien, junto con su nieto Luis Javier Espinoza Rocha, retoman hoy "El Correo Nicaragüense"; un blog pluralista, que agradece la reproducción de su contenido.

martes, 10 de enero de 2012

Una mala incidencia histórica


Onofre Guevara López

Después del acto de hoy, quedará agotado el tiempo para los pronósticos ilusos inspirados en los lugares comunes de las promesas electorales reforzadas con el oficioso discurso inaugural.  Porque luego, la rutina, fosa de las esperanzas y espejo de las experiencias, se hará cargo de todo. En la rutina han depositado sus intereses las clases sociales de quienes han detentado el poder en el transcurso de 191 años, siete de los cuales se han hecho reelegir y tres de ellos por más de dos veces: José Santos Zelaya, Anastasio Somoza García y Daniel Ortega.
No puede haber, pues, palabras cordiales para referirse a tal fenómeno histórico, menos para el gobierno que tiene en ascuas la legalidad del país, y lo mete desde hoy de retroceso en la máquina del tiempo tras la meta de otra dinastía murruca. Pese a todo, tampoco caben los augurios fatalistas de que tales pretensiones serán de obligatorio cumplimiento y para siempre.
El pesimismo no estimula ninguna acción política renovadora, ni puede darle vía libre al propósito de seguir luchando por la legalidad institucional y por el respeto a los derechos democráticos, cuales fueren los nubarrones sobre el futuro inmediato del país. Deberá ser lo contrario, ante mayor oscuridad se cierna sobre el futuro, más necesario será el alumbramiento de nuevas ideas y tareas socio-políticas.
Al margen de lo negativo que pueda ser la prolongación del gobierno actual, o de lo esperanzador que lo quiera ver el orteguismo para sus proyectos, está la terca realidad del espurio origen del político que hoy reasume el gobierno a despecho de la Constitución y montado sobre el cúmulo de arbitrariedades. No podrá haber mayores ni mejores razones para enfrentar con decisión los viejos vicios del poder.
Esa será una responsabilidad ciudadana irrenunciable, porque, aun  cuando pesare mucho el pesimismo, la ciudadanía deberá ser conmovida cuando el orteguismo acelere su orientación totalitaria, fundado en la idea aberrante de que ninguna ley, incluida la Constitución, es superior a “la voluntad popular”, dado que, “casualmente”, el orteguismo se cree la encarnación de esa voluntad. Y, no cesará en su mesiánico y atropellador propósito. 
El entusiasmo popular que se le atribuye a la influencia del orteguismo por sus dádivas, disfrazadas de “proyectos sociales”, no será de largo aliento, menos absoluto.  Los recursos para sostener ese modelo de caridad pública, tendrán su agotamiento, y a medida que crezcan las demandas sociales con el aumento de la pobreza –la cual no se acaba con dádivas—, se verá más claramente que la mejor alternativa es el aumento del empleo y no de la caridad. Y como parasitario de la ayuda exterior que seguirá siendo el orteguismo en su ilegal reprís, le será imposible cambiar su naturaleza oportunista, de forma que pueda reorientar sus políticas económicas.
Pero de forma paralela al curso totalitario del orteguismo, será urgente la reorientación de las políticas opositoras, porque nada devendrá de un milagro, y aunque pudiera surgir espontáneo un movimiento social opuesto al gobierno orteguista, no será garantía de éxito para nada.  Un fracaso más en los intentos de mayor organización y de amplitud de la unidad, no sólo consolidará el totalitarismo orteguista, sino que también le abrirá esperanza de continuidad más allá del 2017.
Alertarse ante tal posible nada halagador futuro fue necesario para ayer, pues debe tenerse claro que el orteguismo, con su ambición, no descansa ni duerme.  Aún no se había tomado la Asamblea Nacional con sus 62 diputados ni  Daniel Ortega lo ha hecho con lo suyo, aunque sea mera formalidad, cuando ya tienen en marcha la maquinaria electorera para las elecciones municipales. Incluso, nombrando candidatos para la Alcaldía de León, al enterrador de la Autonomía Universitaria, doctor Róger Gurdián Vijil.
Tal avance del totalitarismo exige, por lo menos y de inmediato, luchar contra la continuidad del viciado sistema electoral y sus magistrados corruptos. También combatir los intentos orteguistas por borrar los rastros de sus ilegalidades con su política de engaños a los sectores populares, hasta evitar que sigan sintiéndose beneficiarios de las dádivas, siendo víctimas en verdad y a la vez de su indiferencia ante la destrucción de las instituciones y la violación de los derechos democráticos.   
Junto a esos objetivos, será necesario contar con proyectos que tiendan hacia auténticos cambios sociales para rescatar la dignidad del ciudadano y de la familia nicaragüense, principalmente,  por medio del derecho al trabajo para todos.
La ocasión de hoy, resume los males de nuestra historia. 

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