El diario granadino EL CORREO (1913-1934), fué fundado por quien fuera su Director, Carlos Rocha Avellán y es sobre todo recordado por haber dado acogida a las publicaciones literarias del Movimiento de Vanguardia, "Rincón de Vanguardia" y "Página de Vanguardia", a cargo de Pablo Antonio Cuadra Cardenal y Octavio Rocha Bustamante, hijo éste último de don Carlos y padre de Luis Rocha Urtecho, quien, junto con su nieto Luis Javier Espinoza Rocha, retoman hoy "El Correo Nicaragüense"; un blog pluralista, que agradece la reproducción de su contenido.

martes, 2 de abril de 2013

Historia imaginada


Voz del tiempo La novela histórica ‘El pavo real y la mariposa’ nos cuenta su vida mediante su autor

Víctor Hurtado Oviedo


Alfonso Chase es un personaje de la cultura que imagina personajes de novelas. Esta familiaridad de vida y ficción habita en El pavo real y la mariposa (Editorial Costa Rica, 1998), novela histórica cuya creación nos relata aquí el también Premio Magón, poeta, crítico y generoso animador de la literatura y de la edición de libros en nuestro país. Los recuerdos de Alfonso Chase son nuestras memorias.
–¿Cómo surgieron los temas de su libro: de una inspiración, de una reflexión?
–En principio fue un guion sobre los sucesos de noviembre de 1889, sugerido por Carlos Francisco Echeverría, pero se fue transformando en una novela de acuerdo al desarrollo de los capítulos. Durante dos años investigué varios de los temas centrales históricos, más los colaterales internos.
”Escribir la novela me tomó cinco meses, pero la mayor parte de lo escrito estaba en la mente; luego fue solo transcribirla. De los sucesos propiamente ocurridos pasé a las relaciones humanas, el clima de la época, la lucha entre los liberales y los conservadores, el papel de la Iglesia Católica, las nuevas ideas que venían de Europa y los conflictos sociales”.
–¿Qué diferencia presenta este libro en relación con sus obras anteriores?
–Mis dos novelas previas son Los juegos furtivos, de 1967, y Las puertas de la noche, de 1972. Ambas tenían propósitos experimentales, de los años sesenta y setenta, principalmente de la Nueva Novela Francesa.
El pavo real y la mariposa parte de la novela costarricense: de don Manuel Arguello Mora, de Ricardo Fernández Guardia, de Carmen Lyra; y de la propuesta de García Monge de injertar, en el árbol criollo, la herencia extranjera.
”Lo que más me impactó fueron ciertas cartas de los protagonistas, documentos como de archivo personal, y la definición real de algunos perfiles de personajes: don Ricardo Jiménez, doña Manuelita Brenes y Peralta, doña Beatriz Zamora, don José Arcadio Montero, don Gerardo Matamoros y otros, quienes fueron más fuertes que los mismos sucesos pues tenían ideas, propuestas políticas, relaciones románticas entre ellos. A la vez que una novela, también creo que El pavo real y la mariposa es como un filme sobre la época”.
–¿En qué se diferencia ese libro de sus obras posteriores?
–He escrito prosa, cuento, poesía, una novela en proceso: todo presenta diferencias especiales entre ellos, pero creo que el estilo se mantiene en todos los libros que escribo. No habría podido elaborar El pavo real y la mariposa si antes no hubiera publicado mis dos novelas anteriores, de 1967 y 1972.
”En cada caso, el uso del idioma es lo que más me apasiona, me seduce. El pavo real y la mariposa es también un estudio del nacimiento del lenguaje costarricense: de los barbarismos, de los costarriqueñismos, que tan bien definió don Carlos Gagini en 1918 y que significan un gesto de segunda independencia, de cierta mayoría de edad de un país, de una generación.
”Lo mismo sucede con la presencia de don Enrique Echandi, una figura excepcional en el campo de la música y la pintura. Indudablemente, todo ocurre entre Pacaca y Tucurrique, dándole forma a la Gran Meseta Central, que es como un puntito en toda la historia: una ‘tacita de plata’, como hipócritamente la llamaban”.
–¿Hubo influencias de otros autores en la creación del libro?
–¿Influencias? Sí; ya cité algunas en lo nacional. Otras son más bien lecturas de lecturas: El Gatopardo, de Giuseppe de Lampedusa; Toda pasión concluida, de Vita Sackville-West; Orlando, de Virginia Woolf; Cimarrón, de Miguel Barnet...
”Todo lo que había leído en los sesenta y setenta estaba allí como sedimento, como propuesta vocativa, como reto. Quise hacer una novela nacional, pero con elementos de perspectiva universal. Era todo lo que había estado ocurriendo en la época, más la introducción del elemento nacional popular –obreros, artesanos, burgueses progresistas– que había encontrado también en los Episodios nacionales, de Benito Pérez Galdós”.
–¿Cómo distribuyó el tiempo de la escritura?
–Hice una investigación cronológica sobre la época, no solo para escribir esta novela sino para saber, como costarricense, quiénes nos dieron palabra de fundación.
”De 1980 a 1995 logré crear un archivo mental para prepararme a fin de sobrevivir al viejo siglo. Un ser humano sin memoria histórica es un fantoche. Aquel archivo dio para escribir esta novela, para ir preparando otra y para conocer el debe y el haber de nuestros ciudadanos.
”Yo investigaba y transcribía unas tres horas diarias. Sobre todo, investigaba el modernismo, las vanguardias, los movimientos sociales, hasta la decadencia de la primera república (1948)´.
–¿Cómo evitó la distracción?
–Investigar y escribir no admiten distracciones, o pueden ser en sí mismos una especie de entretenimiento, pero de otro tipo. Investigar y escribir son un placer. El que se queja mucho pierde todo, y eso no va con la literatura ni con el boxeo.
–¿Piensa en algún lector cuando escribe?
–El primer lector es mi otro yo. Antes, mi madre siempre era una especial destinataria de mis primeras versiones. Ahora escribo y guardo. Comparto, pero me cuido mucho para evitar que se jele el producto.
–¿Cree en que todo libro de ficción es una obra definitiva, cerrada: le suscitan dudas después de publicarlo?
–Siempre hay dudas. Todo se puede mejorar y transformar, incluidos los libros que uno cree que logran una cierta perfección formal. Soy asiduo lector del Libro de los cambios, así que el destino de mis personajes cambia, se me va de las manos.
–¿Rehízo algo de ‘El pavo real y la mariposa’?
–En sus capítulos, en su final, en sus cronologías, hubo un rehacer constante pues fue escrita y reelaborada entre 1989 y 1995, en detalles y pequeños tropismos, de acuerdo con hallazgos de investigación, nuevos documentos, precisión de fechas...
”Recuerdo que debí alargar la presencia de don José Arcadio Montero; tal vez debí añadir otros rasgos que descubría en doña Beatriz y su hermana Vicenta, pero al final habría resultado un mural de época, de larga y tediosa lectura. La novela me quedó en 280 páginas y me sentí satisfecho.
–Usted también es crítico literario, pero, como autor, ¿qué piensa de la crítica de los otros, aunque sea desfavorable?
–Lo principal es la crítica inteligente, cuando la hay, pero la mejor recomendación de lectura son los propios lectores: el “boca a boca”. Esta novela tuvo una particular recepción crítica favorable pues era una especie de diálogo con la historia. Es una subversión de la historia oficial entre lo que se dijo y lo que fueron los sucesos del 7 de noviembre de 1889. Por eso se convirtió en novela y no en guion cinematográfico o discurso dramático, como pudo serlo.
–¿Algún libro en proyecto?
–No he vuelto a hablar sobre lo que estoy escribiendo. Algunos de mis libros se han quedado en el aire, otros han sido imaginados, y varios solo fueron proyectos ilusorios.
–¿Cuáles libros ha publicado?
–He escrito, me parece, unos 20 libros, desde 1963 y durante casi 50 años, pero creo que, durante toda mi vida, he venido escribiendo un solo libro que incluye poesía, cuento, novela, ensayo y artículos en los diarios; pero me inhibo de hacer metaficción. Solo soy un poeta que escribe: nada más. 

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