El diario granadino EL CORREO (1913-1934), fué fundado por quien fuera su Director, Carlos Rocha Avellán y es sobre todo recordado por haber dado acogida a las publicaciones literarias del Movimiento de Vanguardia, "Rincón de Vanguardia" y "Página de Vanguardia", a cargo de Pablo Antonio Cuadra Cardenal y Octavio Rocha Bustamante, hijo éste último de don Carlos y padre de Luis Rocha Urtecho, quien, junto con su nieto Luis Javier Espinoza Rocha, retoman hoy "El Correo Nicaragüense"; un blog pluralista, que agradece la reproducción de su contenido.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Enfermedades catastróficas


Los médicos deben ponerse en el lugar de quienes sufren

Édgar Mohs Médico

¿Qué espera una persona cuando le descubren una enfermedad grave o catastrófica? Lo primero es que se trate de un error diagnóstico o que exista una curación milagrosa. Cuando, resignada, acepta la realidad, quisiera y busca la mejor atención médica posible y espera que de manera afectuosa le expliquen el origen y las consecuencias de la enfermedad, así como la mejor manera de curarla.
¿Qué espera una persona cuando le descubren una enfermedad grave o catastrófica? Lo primero es que se trate de un error diagnóstico o que exista una curación milagrosa. Cuando, resignada, acepta la realidad, quisiera y busca la mejor atención médica posible y espera que de manera afectuosa le expliquen el origen y las consecuencias de la enfermedad, así como la mejor manera de curarla.
En todo momento, el médico debe sentir legítima preocupación por la condición de su paciente y mostrarse abierto a oír otras opiniones responsables, así como ponerse a su entera disposición, porque eso es emocionalmente, lo que este necesita.
Desde luego el buen trato resulta fundamental, pero “pari passu” es sumamente importante que perciba que el ambiente que lo rodea es agradable y seguro, que todas las personas relacionadas con su atención son diligentes y bien capacitadas profesional y técnicamente y que el hospital es impecable en orden, limpieza y respeto. No quiere ver caras amargadas ni gritos, y mucho menos gestos vulgares; se necesita privacidad física y emocional para generar la necesaria confianza fundada en los anteriores elementos, todos los cuales ayudarán mucho a su recuperación.
Por otro lado, los enfermos esperan que los equipos de diagnóstico y tratamiento sean de calidad y funcionen correcta y permanentemente; los medicamentos que se prescriben sean de eficacia comprobada, y las citas para su seguimiento en la consulta externa deben producirse lo antes posible y jamás varios meses después. Cuando se requiera una intervención quirúrgica, debe ser llevada a cabo con absoluta oportunidad para evitar complicaciones y para asegurarse la buena evolución del paciente.
Volviendo al tema de la humanización de la atención hospitalaria y en clínicas, muy venida a menos en nuestro medio, al visitar un hospital de un centro médico en un país desarrollado, lo que más llama la atención no es el imponente conjunto científico tecnológico visible por todas partes, ni la oportunidad con que se prestan extraordinarios y ordinarios servicios, sino el cálido trato humano que se da a todos los enfermos; estos son realmente la razón de ser del hospital, y cada uno de ellos es considerado una persona muy importante y única.
Quiero ilustrar esto con el hecho, casi increíble en nuestro medio, de haber visto a un famoso especialista salir de su oficina y dirigirse a la sala de espera para invitar a pasar al enfermo siguiente a quien llamó por su nombre e inmediatamente le pidió disculpas por el atraso de diez minutos en la cita. Por otro lado, recuerdo también haber estado en un hospital de niños en Japón, cuando se celebraban 100 años sin huelgas, con la participación de todos los empleados.
En un momento oportuno, el médico explica en detalle el tratamiento a seguir, las complicaciones que pueden aparecer y las posibilidades de curación, indicando específicamente cuál es el porcentaje de curación que tiene el hospital en la enfermedad del caso y, cuando existe un tratamiento nuevo y posiblemente mejor al convencional, se le informa verbalmente y por escrito de sus posibilidades y riesgos, para que, si está de acuerdo en participar en un estudio que se está llevando a cabo en varios centros médicos del mundo, lo autorice firmando la fórmula llamada consentimiento informado.
Se considera en todos los hospitales de gran prestigio que es no ético negarles a estos pacientes la posibilidad de beneficiarse de un producto nuevo, aprobado para su uso en seres humanos, que bien podría ser su única posibilidad de vivir; tampoco es ético ocultarles que existen otros hospitales que obtienen mejores resultados o grupos de profesionales que podrían venir al país y elevar considerablemente la sobrevida de nuestros enfermos.
Estos pacientes merecen nuestra mayor atención, toda vez que, además de su enfermedad, tienen comprometidos su sistema emocional y sus sentimientos, y no se deben escatimar esfuerzos para devolverles la salud; para entenderlos mejor, el médico debe saber ponerse en la situación del enfermo, y la sociedad también.
Vuelta al mundo
Lunes 10 de Diciembre de 2012, 06:30 am

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