El diario granadino EL CORREO (1913-1934), fué fundado por quien fuera su Director, Carlos Rocha Avellán y es sobre todo recordado por haber dado acogida a las publicaciones literarias del Movimiento de Vanguardia, "Rincón de Vanguardia" y "Página de Vanguardia", a cargo de Pablo Antonio Cuadra Cardenal y Octavio Rocha Bustamante, hijo éste último de don Carlos y padre de Luis Rocha Urtecho, quien, junto con su nieto Luis Javier Espinoza Rocha, retoman hoy "El Correo Nicaragüense"; un blog pluralista, que agradece la reproducción de su contenido.

lunes, 20 de agosto de 2012

El Pudor y la Muerte


¿Debemos creerle a
                              Artemidoro?
este hombre docto, maestro
--es lo que nos cuentan
                                 los cronistas--
en lenguas griegas, enterado
como estaba del complot
                                     para
asesinar al César,
                            trató, ese
fatídico día, de prevenir al
dictador
           que lo iban a
                              matar.
Artemidoro intentó, varias
veces, de entregarle un
mensaje al César
                         de la sorpresiva
tragedia.
La multitud, en este caso
impidió que el hombre
leyera la advertencia de
Artemidoro.
"Léelo tú solo, y pronto..."
se leía en el
                  mensaje. Y
nada.
La muchedumbre se lo
impidió.
El resto lo supimos
por los cronistas de aquella
gloriosa época de la
                             historia.
Los senadores se le vinieron
encima, con sus dagas que traían
escondidas en sus
                            togas.
Vestimentas a la romana.
Casio, Antonio, Bruto, Tulio Cimbro
y Casca --eran los más notables--,
cuando ya lo tenían a golpe
                                         de puñal,
hundieron en la humanidad del
dictador sus dagas, casi todas
                                             mortales.
Pero el César era un hombre
de pulcro pudor. Supo que era su
último día.
Casca fue el primero en hundirle
el puñal.
Cuando el hombre vislumbró que era
su final, le dijo:
"...Casca, hijo de puta,
                                  ¿que haces?"
Vuelven los viejos cronistas y
cuentan que fueron 23 las
                                        estocadas.
Solamente una fue mortal.
Con sus últimos alientos
de pudor, el César, con su
toga toda
             ensangrentada,
se cubrió sus partes
                              nobles
y se derrumbó, sn vida,
a los pies de la estatua
                                  de Pompeyo.
Pero siguen resonando en las
páginas de la historia
sus últimas y agonizantes
palabras, que fueron:
"...Casca, hijo de puta,
                           qué haces...?"
Moraleja:
"...Ningún dictador logra
                             bajar vivo
de su sillón..."
                     Solón.
Roberto Cuadra
Marzo 19, 1990.

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