El diario granadino EL CORREO (1913-1934), fué fundado por quien fuera su Director, Carlos Rocha Avellán y es sobre todo recordado por haber dado acogida a las publicaciones literarias del Movimiento de Vanguardia, "Rincón de Vanguardia" y "Página de Vanguardia", a cargo de Pablo Antonio Cuadra Cardenal y Octavio Rocha Bustamante, hijo éste último de don Carlos y padre de Luis Rocha Urtecho, quien, junto con su nieto Luis Javier Espinoza Rocha, retoman hoy "El Correo Nicaragüense"; un blog pluralista, que agradece la reproducción de su contenido.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Intercultura

Adriano Corrales Arias
hachaencendida@gmail.com

Cuando se habla de identidades hablamos de transformaciones. Es decir, de movimientos culturales. Porque la identidad no es un término fijado en el tiempo, se transforma históricamente de acuerdo al espejo que nos proporciona el otro, la otredad. Por esa razón lo que conocemos como folclor es un concepto agotado pues delimita y congela una actividad humana en un pasado ideal, ahistórico.
Sobre la identidad costarricense se ha dicho mucho y se ha discutido poco. Así como no existe el tico, o el ser costarricense en abstracto, sino los costarricenses con sus diversas prácticas culturales y sus diferencias sociales, no puede haber una identidad, sino muchas identidades. Una cosa es el tico del valle central, clase media, digamos, y otra el indígena de Talamanca, el pescador negro del Caribe, el comerciante chino de Puntarenas, el campesino sin tierra sancarleño o de la zona sur, o el sabanero guanacasteco.
Lo de la Suiza centroamericana entonces no pasa de ser un constructo que sublima a nuestro país frente al concierto centro y latinoamericano. Y lo paradójico es que si uno rastrea de dónde proviene esa comparación, se da cuenta, por ejemplo, que una de las citas más populares aparece con la canción Mi linda Costa Rica, la cual fue escrita por un folclorista nicaragüense: Tino López Vega. Lo mismo sucede con otra canción cara para el imaginario musical costarricense : La Patriótica costarricense (Yo no envidio los goces de Europa…).
Recientes investigaciones señalan que en realidad la canción “se basó en un poema del cubano Pedro Santacilia, yerno de Benito Juárez” (Rogelio Benavides Rivas, Revista Dominical, La Nación, 27/06/99). Según el artículo de Benavides Rivas, el periodista e investigador Armando Vargas Araya, en una exploración sobre el patriota cubano Antonio Maceo, descubrió el texto original así como al autor del canto cívico más arraigado en el imaginario de los ticos. Para Vargas Araya el creador de La Costarricense, denominación original de la música de La Patriótica, es el maestro Manuel María Gutiérrez, autor también de los acordes del Himno Nacional. Gutiérrez la estrenó en 1862 como marcha, pero en un instante la melodía se popularizó al ritmo de vals. Vargas establece, además, que el texto de La Patriótica es el poema titulado A Cuba, de 1850, que Santacilia dedicara a un amigo suyo, Matías M. Averhoff, y sostiene que sería muy difícil argumentar que esta no sea la raíz de las palabras que entonamos los ticos “con honda devoción cívica”.
Resulta entonces que la Suiza centroamericana, en mucho, es producto de la visión idealizada de la Costa Rica que posee el pueblo nicaragüense. (Una tierra de sueños y mirajes/Donde los pobres que huyen de Nicaragua a Costa Rica y cruzan la frontera,/ se han engañado desde hace un siglo/creyéndose tal vez en una Tierra Prometida/Como tal vez lo sea.., dice el gran poeta de la frontera, José Coronel Urtecho en su poema Pequeña biografía de mi mujer). Una visión que se desdobla en una doble relación de odio-amor. Porque los nicas nos admiran (igual que nosotros a ellos por su producción cultural), por eso desde cientos de años atrás emigran, pero, y por eso mismo (igual que nosotros), nos detestan por no poder contar con los mismos niveles de vida en su hermoso y escarnecido país. (Nivel que, por cierto, cada vez se deteriora más, desdibujando el mito).
Así, la “identidad tica” está montada, al parecer, desde la mentalidad nicaragüense y reforzada por las miradas extrañas, extranjeras. De tal manera que no hemos sido capaces, hasta ahora (salvo desde la intelectualidad y la academia), de cuestionar esa doble mirada que tergiversa la realidad histórica de un país que se ha construido, como todo país, a partir de ingentes luchas sociales y de conflictos político-militares. Lo del pacifismo y el ecologismo, a pesar de su enraizamiento en muchos “patriotas” costarricenses, son extensiones de ésa visión metafísica de una “Suiza” que nada tiene en común con la histórica, con la “verdadera” y con su matriz ideológica europeo/colonial.
Tenemos una pobreza de argumentos para “identificarnos” entonces. Nos los prestan las visiones idílicas de nuestros visitantes, o de quienes se avienen a convivir con nosotros y a fundirse en la plural y multilingüe realidad tica, que no suiza. Y nos solazamos con mitologías y leyendas provenientes de otros espacios socioculturales. Recordemos que en su inmensa mayoría, somos un país de migrantes. Un país nuevo.
Es hora de subvertir esos constructos metafísicos liberales reforzados en la actualidad, neoliberalmente, por un patriotismo trasnochado a través de la dictadura mediático/comercial de los medios masivos de comunicación, tipo CANARA, y otras músicas estilo Mal País, para enfrentarnos a nuestro propio espejo en una verdadera búsqueda ontológica y antropológica, de tal manera que logremos reasumir las identidades nacionales en su rica diversidad y en su extraordinaria capacidad de mímesis, interculturalidad y metamorfosis.

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