El diario granadino EL CORREO (1913-1934), fué fundado por quien fuera su Director, Carlos Rocha Avellán y es sobre todo recordado por haber dado acogida a las publicaciones literarias del Movimiento de Vanguardia, "Rincón de Vanguardia" y "Página de Vanguardia", a cargo de Pablo Antonio Cuadra Cardenal y Octavio Rocha Bustamante, hijo éste último de don Carlos y padre de Luis Rocha Urtecho, quien, junto con su nieto Luis Javier Espinoza Rocha, retoman hoy "El Correo Nicaragüense"; un blog pluralista, que agradece la reproducción de su contenido.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Fallecimiento de la Actriz, Socorro Bolnilla Castellón



El Centro Nicaragüense de Escritores (CNE), expresa por este medio su
más profundo duelo por la partida de Socorro Bonilla Castellón, actriz,
promotora, profesora, escritora y pionera del Teatro Experimental en Nicaragua,
nacida en 1925 y viuda del poeta nicaragüense Octavio Robleto.

Socorro Bonilla puso en escena cerca de 50 obras de teatro. En los
años sesenta fundó la Escuela
de Declamación y Teatro; cinco años después de realizar estudios en el Conservatorio
del Arte Dramático, de Madrid, fundó el grupo Comedia Nacional, poniendo en
estreno la obra Los árboles mueren de pie, de Alejandro Casona. La obra
con que se graduó como actriz fue Antes del desayuno, de Eugene G.
O’Neil. En los años ochenta fue Directora General del Teatro Nacional Rubén
Darío. Además, fue profesora en la Universidad Nacional
Autónoma de Managua y Rectora de la Universidad del Valle de Managua.

Por sus aportes a la literatura, al arte y la cultura nacional, en
enero de 2010 el Centro Nicaragüense de Escritores (CNE) le otorgó una placa de
reconocimiento. Hoy en el día de su deceso, el CNE, manifiesta su más profundo
pésame a sus familiares, amigos y a la comunidad de escritores y artistas
amantes de la cultura nicaragüense.

Managua, 1 de diciembre de 2010.

Luis
Rocha Urtecho
Presidente.

El tema de la oración en el mensaje de la Conferencia Episcopal

Andres Pérez Baltodano

El mensaje de la Conferencia Episcopal que empezamos a comentar la semana pasada, termina su análisis de la “situación actual del país” haciendo referencia al problema fronterizo con Costa Rica. Lo hace en términos firmes y sensatos: “Junto a todo el pueblo nicaragüense afirmamos la absoluta soberanía de Nicaragua sobre el Río San Juan como algo indiscutible e innegociable para el país. Esperamos que este conflicto se resuelva en el menor tiempo posible por las vías del dialogo, los cauces diplomáticos y el respeto al derecho internacional. Sin embargo nos preocupa que la reciente crisis surgida en torno al tema distraiga la atención del gobierno y de los ciudadanos y nos lleve a ignorar y no afrontar los graves problemas internos de la nación.”
El conflicto generado por el dragado del Río San Juan ha desnudado el atraso político de Nicaragua y Costa Rica. La incapacidad de los gobiernos de los dos países para resolver sus diferencias y para complicar las cosas es vergonzosa y lamentable. Tan vergonzosa y lamentable que mucha gente se inclina a pensar que detrás de la torpeza política de los líderes de los dos países, se esconden intereses y ambiciones malignas. Y es que a veces resulta más fácil aceptar la maldad que la estupidez.
Un año de oración por Nicaragua
En la cuarta sección de su mensaje, después de analizar la situación de nuestro país, la Conferencia Episcopal propone algo que, a primera vista, puede parecer una ingenuidad. Dicen los obispos: “Estamos convencidos de que, dada la complejidad de la situación del país y la gran rapidez con que cambian los escenarios políticos, es el momento de hacer una clara opción por la oración”. Y agregan: “Proclamamos para toda la Iglesia el año 2011 como un ‘Año de oración por Nicaragua’”.
¿Orar para solucionar nuestros inmensos problemas? ¿Cambiar el país y superar nuestras miserias a punta de oraciones?
Desdichadamente, la visión dominante de la oración en la práctica religiosa de la Iglesia Católica ha sido la del rezo como invocación mágica del poder de un Dios que lo puede y lo decide todo. Nadie ha expresado mejor el sentido trágico de esta visión que nuestro Santiago Argüello. Lo he citado muchas veces pero vale la pena hacerlo de nuevo: “[Para nuestro pueblo] todo redúcese a desgranar rosarios, en un andar de máquina engrasada de sueño, en una actividad de labios y en un letargo de fervor, sin más propósito que el de tener propicio el santo que eligieron como abogado celestial. ¡He aquí el fetiche! No pudiendo elevarnos, buscamos quien baje hasta nosotros. Rezamos ante el icono, no por devoto apego de almas, sino para pedirle ayuda en las empresas, auxilio en los apuros y medios prácticos en las necesidades y deseos. Es una compraventa de rezos maquinales por bienes terrenales”.
Mi lectura del mensaje de la Conferencia Episcopal me empuja a creer que los obispos están haciendo un esfuerzo para superar el fetichismo religioso del que nos habla Argüello. Es posible –ojala no me equivoque– que estén intentando promover una nueva visión de la oración; una visión humanista, moderna y profundamente política y cristiana.
No hablo de política en un sentido partidista. Tampoco hablo de política para hacer referencia a la rifa quinquenal del derecho a la impunidad en el que se traduce nuestra llamada “política democrática electoral”.
No hablo, pues, de la lucha por el poder que se orienta por el principio pragmático de la conveniencia. En otras palabras, no hablo de la política que practica el FSLN, el MRS, o el PLC.
Hablo de política como un esfuerzo dirigido a institucionalizar una visión ética, explícita y justificada, de la organización y los usos del poder en la sociedad; una visión basada en valores y principios sustantivos, como los que defendió Pedro Joaquín, como los que defendió Sandino, como los que defendió Mandela. Hablo, pues, de la política transformadora y radical que nos enseñó a practicar Jesús, cuando nos ordenó amar a nuestros semejantes como a nosotros mismos.
Si mi lectura es correcta, el sentido de la oración que proponen los obispos nos obliga a entender la idea de Dios como un Norte ético y como una fuerza vital que podemos y debemos usar para subvertir y trascender la (in)moralidad dominante en nuestra sociedad; la inmoralidad que nos empuja a ignorar el hambre y el sufrimiento del “otro” y la “otra”. Dicen los obispos: “Cuando oramos no invocamos soluciones mágicas, no lo hacemos para sentirnos libres de compromisos y responsabilidades, sino porque estamos convencidos de que la historia no es sólo el escenario en que actúan las voluntades humanas sino el ámbito en que Dios hace llegar su Reino de caridad, justicia y paz. Con razón Jesús nos ha enseñado a pedir: ‘venga a nosotros tu Reino’. Por eso cuando oramos permitimos misteriosamente que la fuerza del Señor Resucitado fecunde y cambie la historia, nos hacemos eco de las aspiraciones de paz y justicia de todo nuestro pueblo y sobre todo tomamos conciencia de nuestra propia responsabilidad en el cambio social.”
Este párrafo es riquísimo en significado. Encierra la posibilidad de promover una visión de la oración en la que Dios no es un ser mágico que controla a la humanidad sino, más bien, una fuerza que nos alienta a ampliar los límites de nuestra realidad y, más concretamente, a asumir nuestra responsabilidad en la construcción del “reino de caridad, justicia y paz” en nuestro planeta y en nuestro país.
Ser cristiano, desde esta perspectiva, es imitar el ejemplo de Jesús quien se convirtió “en la Providencia de Dios” para luchar por una visión ética del poder y de la historia; es aceptar que, como lo decía el teólogo Paul Tillich, la “omnipotencia” de Dios es, en última instancia, la fuerza de una convicción humana que estamos obligados a cultivar. Esta convicción es la verdadera fe cristiana; la fe que nos impulsa a creer que ni la corrupción que hoy carcome a nuestra sociedad, ni las estructuras de poder que hoy nos dominan, pueden impedir el triunfo del bien y la justicia de la que nos habló Jesús. Dice Tillich: “La Providencia no significa un plan divino mediante el cual todo está mecánica y eficientemente predeterminado. Por el contrario, la Providencia significa que en cada situación existe una posibilidad creativa y salvadora que no puede ser destruida por nada”. Ser cristiano o cristiana es luchar para identificar o crear las posibilidades de que nos habla Tillich, a partir de un posicionamiento ético frente a la (in)moralidad dominante en nuestra sociedad.
Los obispos concluyen su discusión sobre la oración señalando que, “en su debido momento”, darán “mayores indicaciones” sobre el “Año de la Oración por Nicaragua”. Esperemos los futuros planteamientos de la Conferencia Episcopal sobre este importantísimo tema. Mientras tanto, empecemos a buscar dentro de cada una de nosotras, la fuerza que puede convertirnos en la Providencia salvadora de nuestro sufrido país. Así pues, no tenemos que esperar a los obispos para empezar a desarrollar dentro de nosotros mismos la convicción de que la verdad tendrá que triunfar.
¿Cuál verdad? La verdad que un día revelará nuestras faltas de acción y omisión frente a las niñas abusadas, las prostitutas y los desnutridos de nuestro país; la verdad que silenciará la pomposa arrogancia de nuestros políticos; la verdad que nos obligará a todos, incluyendo a los obispos de la Conferencia Episcopal, a confesar nuestras culpas y pedir perdón frente al pueblo de Dios. Solamente el triunfo de esta verdad, --atrapada hoy en el oportunismo, la timidez, el cálculo pragmático y la corrupción--, nos hará libres.

El electricista y el tesoro oculto de Picasso

Redacción
BBC Mundo

El electricista afirma que el pintor le regaló las obras.
Cuenta con todos los ingredientes de una novela de misterio: un personaje famoso, Pablo Picasso, casi 300 de sus pinturas y dibujos desaparecidos, un electricista jubilado y una batalla legal con los herederos del imperio del pintor por una obra valorada en US$80 millones.
Los detalles aún no están claros pero el mundo se congratula de, sea como fuere, haber recuperado 271 obras del pintor malagueño que nunca se habían conocido antes.
Se trata de lienzos pintados a comienzos del siglo pasado entre las que figuran muchas de las que se habían perdido y que incluyen collages cubistas y acuarelas de su periodo azul.
Un electricista retirado y su mujer se encuentran en el centro de la batalla legal y aún se desconoce exactamente cómo obtuvieron las obras.
Jugoso regalo
Pierre Le Guennec, de 71 años, afirma que Picasso le ofreció la colección como un regalo. Pero los administradores de la fortuna del pintor ya han puesto una denuncia en el juzgado alegando recepción ilegal de las obras de arte.
Le Guennec afirma que instaló sistemas de alarma antirobo en las numerosas casas del artista en Francia antes de que éste muriera en 1973.
Entre las 271 obras se encuentran litografías, lienzos cubistas, collages, acuarelas de su periodo azul o pinturas aguadas en papel, e incluso, un cuaderno con la última parte de la vida de su primera mujer Olga.
En enero del año pasado, según explica el diario francés "Libération", Le Guennec contactó al hijo del artista, Claudio Picasso, y le envió fotografías de las obras. Pero ante la negativa del hijo del pintor de autentificar los cuadros sin haberlos visto, Le Guennec se presentó con ellos en su casa donde le mostró las obras en un encuentro que mantuvieron en septiembre.
Poco después de esa reunión el abogado del patrimonio del artista, Jean Jacques Neuer, puso una demanda ante un equipo especializado, la oficina Central para la lucha contra el tráfico de bienes Culturales (OCBC en inglés) para evitar perder la colección.
Los agentes confiscaron las obras de la casa de la Costa Azul de la pareja y ahora están en posesión de las autoridades.
Versión imposible
Se trata de un auténtico tesoro oculto de pinturas con la que los coleccionistas más apasionados sólo se atreverían a soñar: litografías, lienzos cubistas, e, incluso un cuaderno con la última parte de la vida de su primera mujer Olga.

Los cuadros encontrados son un auténtico tesoro que ha permanecido oculto para el público.
Los expertos afirman que simplemente los cuadros cubistas estarían valorados en US$53 millones.
Claudio Picasso afirma que la versión del electricista no es cierta. Y que, aunque tenía fama de generoso, su padre no tenía costumbre de hacer regalos en bloque y, si lo hacía, siempre los fechaba, firmaba y registraba.
Ahora se abre una batalla legal acerca de la propiedad de los lienzos.

La soberanía, esa mitología colonial de la modernidad

Adriano Corrales Arias*

En el año 1994 fueron reordenados los mojones que señalan el límite fronterizo entre Nicaragua-Costa Rica. En esa nueva “densificación” al parecer, un par de centenas de ticos, la mayoría indígenas de la etnia Guatuso o Maleku, quedaron, con sus propiedades, del lado de Nicaragua. Por esa razón, decidieron crear un octavo Estado en Centroamérica, acción que provocara revuelo y estupor entre los gobiernos de ambos países en 1995, los cuales, por supuesto, no reconocieron la existencia de la autoproclamada nueva república.
En un área de 213 km2, el grupo de “colonos” costarricenses pretendía crear el nuevo Estado con la protección de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pues aseguraban haber sido desamparados por el gobierno de Costa Rica el cual cedió sus terrenos a Nicaragua, tras la demarcación fronteriza. La mayoría de los pobladores pertenecían a la etnia Guatusa, por lo que nombraron a su nación “Airrecú” -palabra de la lengua maleku que significa Amistad -, y que contaba con unos 5.000 habitantes, según los representantes del pretendido nuevo Estado.
Al proclamar como tierra de nadie a Airrecú, sus pobladores designaron a su propio presidente: Augusto Rodríguez. El conflicto -que según la ONU debía ser resuelto por ambos gobiernos- tuvo sus orígenes en una entrega de tierras a campesinos por parte del Instituto de Desarrollo Agrario de Costa Rica y a los cíclicos diferendos fronterizos sostenidos entre ambos países (especialmente cuando en Managua hay crisis política) que, desde 1860, firmaron el Tratado Cañas-Jérez, el cual delimita una frontera de más de 300 kilómetros de humedales, montañas y selvas. En medio de la "indefinición fronteriza", el Instituto de Desarrollo Agrario (IDA) de Costa Rica repartió parcelas a costarricenses en "territorio nicaragüense".
No obstante, expertos de ambos países revisaron y ajustaron la demarcación fronteriza con base en el Tratado, el cual fue delimitado por la denominada Comisión Alexander en el año 1900, tras lo cual las autoridades de ambos países cayeron a la cuenta del "error" del IDA. Asesorado por Omar Jaén -estudioso de la situación limítrofe-, el proclamado presidente de “Airrecú” argumentaba que Nicaragua se apropió de 213 kilómetros cuadrados con el consentimiento de la cancillería costarricense. En un comunicado oficial, dicha cancillería certificó la plena soberanía de Nicaragua sobre el polémico territorio desde 1859, y calificó la creación de “Airrecú” como contraria al derecho internacional.
Tras considerar ilógico y absurdo el caso, el gobierno de Nicaragua amenazó con desalojar a los “colonos” costarricenses y pidió a las autoridades de Costa Rica trasladarlos porque estaban "violando" el territorio nicaragüense. El entonces canciller de Nicaragua, Ernesto Leal, aseguró que el territorio nicaragüense ocupado era de unos 100 km2 y no de 213 km2, y que estaba habitado por unas 250 familias en vez de 5.000 personas, como argumentaban los representantes de la denominada Airrecú. El presidente costarricense de entonces, José María Figueres, prometió en Managua que el IDA aceleraría las gestiones de reubicación de los costarricenses que se establecieron por error en territorio nica. Y así, al parecer, se hizo.
Sin embargo, el biólogo costarricense y catedrático de la Universidad Nacional, Dr. Freddy Pacheco, en un artículo publicado durante el gobierno de Oscar Arias (“A dos millas del lago”) y a partir de una revisión de aquel amojonamiento solicitada por la Defensoría de los habitantes de Costa Rica (y rechazada, claro está, por el gobierno), señala que “gracias a la generosidad de ciertos funcionarios ticos, Nicaragua estaría viendo aumentado su territorio en un área equivalente (…) a doscientos noventa y siete kilómetros cuadrados (297 km2) de territorio costarricense (…), en un acto de altruismo excepcional, en la zona limítrofe al sur del Lago de Nicaragua”.
Para el académico costarricense “Resulta que el Tratado Cañas - Jerez dice claramente que "La línea divisoria de las dos Repúblicas…" ha de seguir "un curso que diste siempre dos millas… de la margen derecha del propio Lago". Sin embargo, nuestros brillantes y generosos funcionarios, hace tan solo ocho años (en 1994) insistieron en una línea divisoria que en un punto está alejada ¡5, 5 millas de dicha margen! Línea divisoria que, como lo puede comprobar usted amigo lector con solo echar una rápida mirada a cualquier mapa de Costa Rica, jamás sigue lo estipulado en el Tratado firmado hace 144 años. ¿Y por qué? se preguntarán ustedes. Pues porque algunos se arrogaron la soberanía de Costa Rica y actuando a nombre propio, promovieron y siguen defendiendo (un poco en las sombras) una delimitación que nada tiene que ver con lo acordado a mediados del siglo XIX y que tiene plena vigencia”.
Señala don Freddy que “han hecho uso torcido de los textos de las actas de la llamada Comisión Alexander (unos librotes enormes de 40 X 30 cm y varios cientos de páginas llenas de mapas, cifras y diagrama que se robaron de la cancillería, según declara en 1995 el ex-vicecanciller don Rodrigo Carreras). Y decimos indebido pues, como se lo manifestara con claridad al actual ministro de Justicia el ciudadano Rafael Gamboa, "el Sr. Alexander fue una persona extremadamente correcta, que actuaba de conformidad a los principios de la ética profesional y me niego a creer que pudo estar de acuerdo, en colocar un mojón más allá de las dos millas establecidas." Y es que consecuente con lo anterior, el Gral. Alexander, en el Laudo N°4, cita cinco veces, que la distancia de la frontera a la margen del Lago, ha de ser de 2 millas. Así que por citar un documento que ni siquiera tenían en su poder, los funcionarios públicos del Instituto Geográfico y la Casa Amarilla, para justificar el regalo que hacen de nuestra Patria, no queda más que mandarlos a estudiar y analizar con más cuidado, pues ya va siendo costumbre tener que referirse a las "tortas" de esos dos entes del Estado. Por otro lado, más allá de los inmerecidos maltratos a que han sido sometidos los vecinos de las tierras regaladas por unos despistados empleados públicos, por su investidura, ha de tomarse en cuenta lo expresado por el ex presidente José María Figueres: "…se realizó un amojonamiento en línea recta, cuando lo que correspondía era hacerlo paralelo al borde del lago de Nicaragua, según lo establece el Tratado Cañas Jerez" (La Prensa Libre, 7.9.94)
Todo indica que en 1994 le donamos al estado nicaragüense la no despreciable suma de 297 km2 sin que político alguno dijera “agua va”. Y entonces nadie levantó la voz para defender la soberanía nacional, cosa que sí hacen muchos xenófobos y cabezas calientes hoy por una isla que hasta hace un mes nadie sabía que existía. Si vamos a luchar por la soberanía del suelo costarricense empecemos exigiéndole al actual gobierno (del mismo partido político que el de entonces) explicaciones ante aquél oscuro regalo técnico-diplomático que hasta ahora nadie nos ha explicado contundentemente.


*Escritor costarricense.

Ay Nicaragua, Nicaragüita...

Allí conocí a gente humilde, sin dobles caras, capaz de enormes sacrificios

Jaime Gamboa proa@nacion.com
Comencé a querer a Nicaragua y a su gente desde muy pequeño. No sé si fue debido a los intentos de mi mamá por enseñarme a recitar A Margarita Debayle, intentos que mi mala memoria y mi poco empeño hicieron fracasar sin remedio, pero que me dejaron grabada para siempre, en algún lugar del subconsciente, la perfecta música interior con la que Rubén Darío, el más universal de los poetas nicas, se dejaba tejer cada uno de sus versos.

Por esa misma época, cerca de la casona familiar en Nicoya vivía un zapatero nica de apellido Herrera, un hombre serio, de pocas o ninguna palabra, pero sus manos martillaban y cosían con la maestría del artesano que ponía todo su conocimiento en la fabricación de cada pieza. Igual que Darío.

Poco después tuve el honor de conocer a Luis Enrique Mejía Godoy y a su hermano Carlos. Luis Enrique era un melenudo alto, con un vocerón que se imponía solo y la sonrisa más franca que yo recuerde haber visto. Pese a ser ya un músico consagrado, con discos y videos en la televisión, el hombre disfrutaba pasar las tardes tocando y cantando con nosotros (unos “fiebres” adolescentes, estudiantes de música) en la sala de la casa del Macho, mi tío, su amigo del alma.

Luis Enrique fue la persona más cercana, por la que sufrí y lloré cuando leí en el periódico que el ejército de Nicaragua (en ese tiempo bajo el mando de Somoza) bombardeaba sus propias ciudades y aniquilaba a sus propios ciudadanos, incluso a quienes no se habían alzado en armas contra la dictadura.

Estando en el colegio, celebré con todo el pueblo tico la caída de Somoza. En los últimos meses antes de julio de 1979, Costa Rica se había volcado en apoyo a los guerrilleros. Me acuerdo hasta de mis abuelas prendiendo velitas, rezando para que se acabara el sufrimiento de nuestros vecinos y Nicaragua tuviera paz.

Los años me llevaron una y otra vez a Nicaragua, como músico, estudiante, publicista, o simplemente como amigo. Allí conocí a algunas de las personas que más he querido, familias enteras, gente humilde, sin dobles caras, capaz de enormes sacrificios y de entrega total a los demás.

Nunca me aprendí los versos de A Margarita Debayle, pero esa primera impresión que tuve cuando niño, la impresión de esa Nicaragua de artesanos orgullosos de su trabajo, de poetas que parecen de otro planeta y de gente que sonríe como Luis Enrique, con franqueza, esa impresión de estar frente a un hermano, no me la podrá borrar jamás la iniquidad y los errores de un mal presidente y sus lacayos.