El diario granadino EL CORREO (1913-1934), fué fundado por quien fuera su Director, Carlos Rocha Avellán y es sobre todo recordado por haber dado acogida a las publicaciones literarias del Movimiento de Vanguardia, "Rincón de Vanguardia" y "Página de Vanguardia", a cargo de Pablo Antonio Cuadra Cardenal y Octavio Rocha Bustamante, hijo éste último de don Carlos y padre de Luis Rocha Urtecho, quien, junto con su nieto Luis Javier Espinoza Rocha, retoman hoy "El Correo Nicaragüense"; un blog pluralista, que agradece la reproducción de su contenido.

lunes, 14 de julio de 2014

Oler la flatulencia puede prevenir el cáncer y otras enfermedades, según estudio

Reproducción / Pinterest (Hudson Valley Chimenea)

El resultado de una encuesta dada a conocer por científicos de la Universidad de Exeter (Reino Unido) puede causar una explosión real. El estudio sugiere que los "pequeños lloriqueos" del flato pueden prevenir el riesgo de cáncer, los accidentes cerebrovasculares, ataques cardíacos, la artritis y la demencia, según "Time".


La explicación es científica y es en un compuesto llamado: sulfuro de hidrógeno. Esta sustancia se produce por las bacterias durante la digestión y gases malolientes están presentes. El componente ayuda a preservar la mitocondria (responsable de la producción de energía y la regulación de la inflamación en las células) y su producción se estimula cuando el cuerpo humano tiene un problema.


Su olor es característico en los huevos podridos y flatulencia, según el estudio publicado en la revista científica "Medicinal Chemistry Comunicaciones."


Un compuesto llamado AP39 se produjo en el laboratorio y se ha aplicado en pequeñas dosis a las mitocondrias. Las pruebas muestran que el daño mitocondrial se han reducido en un 80% y la de las mitocondrias puede sobrevivir en condiciones de enfermedades destructivas, según el "Daily Mail".


"Al ser producida naturalmente por el cuerpo humano, este gas se puede aplicar fácilmente en terapias y el tratamiento de diversas enfermedades," argumentado el Dr. Mark madera en el estudio.


Los investigadores advierten que la sobre exposición al sulfuro de hidrógeno puede causar envenenamiento.
Enviado por Ana Clara Otoni -

Fallece la Nobel Nadine Gordimer, voz literaria contra el ‘apartheid’



JAVIER APARICIO MAYDEU - Barcelona 

Menuda y discreta pero dama de hierro de fuerte carácter, severa de rostro y a la vez muy coqueta con sus fulares de colores, elegante a sus 84 años cuando vino a Barcelona invitada por el Pen Club (vestigios de una belleza que lució siempre en algunas cubiertas de sus libros como si fuese una actriz), la premio Nobel de literatura de 1991 Nadine Gordimer (fallecida ayer a los 90 años en Johanesburgo) exhibía aún una vitalidad que parecía no haber menguado ni un ápice desde su combativa resistencia durante los años enrarecidos de Soweto, y seguía involucrada como el primer día en la inacabable tarea de defender la bendita libertad de expresión y el compromiso del escritor con la denuncia de cualquier censura y de cualquier connivencia con los poderes espurios o los gobiernos totalitarios.

A estos conceptos dedicó sus ensayos A writer’s freedom (1975),Relevance and commitment (1979) y el clásico The essential gesture(1984), reunidos en The Essential Gesture. Writing, Politics & Places(1988), un volumen indispensable en la bibliografía de Nadine Gordimer, el más importante de su dimensión solidaria, activista y comprometida, en el que expuso con meridiana claridad precisamente algo muy semejante a unos estatutos del compromiso literario, caballo de batalla de una obra como la suya, nacida de la sospecha de que el escritor que se construye una torre de marfil desentendiéndose de la sociedad en la que escribe pierde sin remedio buena parte de las virtudes que lo legitiman.



El enfrentamiento cultural y racial, auspiciado por el apartheid que ensombreció su país desde su infancia, explica que su toma de conciencia resultara precoz, y que su idea de literatura comprometida, cuando no de novela política, recorra su obra entera, hasta el punto de sentir la imperiosa urgencia de decir, con voz alta y clara y en forma de advertencia clarividente, que “la responsabilidad es aquello que espera fuera del Edén de la creatividad. El acto creativo jamás es puro”. Escribid, escribid, malditos, cread ficciones hasta reventar, pero sabed que cuando atraveséis la membrana de vuestra ficción estará aguardándoos, lo queráis o no, la responsabilidad: desde esta convicción escribió relatos y excelentes novelas escoradas sin remedio hacia el compromiso, como La hija de Burger (1979), su buque insignia, basada en conflictos políticos del activismo anti-aparheid que la dama de Johannesburgo vivió a pie de calle y no desde un confortable escritorio, Historia de mi hijo (1990) o la última de enjundia, escrita ya desde la atalaya de la senectud, Atrapa la vida (2005).

Su narrativa, enfrentada a cualquier barroquismo y obsesionada con soltar todo lastre que impida una prosa pulcra y escueta, destaca por el diseño de sus protagonistas como trasuntos de personas humanas, y más de una vez reivindicó que el lector tenía que reconocer a sus personajes por su talante, sin que el narrador tuviera que caer en la convención de anotar quienes combaten en el esgrima verbal de sus diálogos. Necesitaba penetrar en la intimidad de sus personajes, escribió antológicos monólogos, combinó la narrativa con la crónica y el ensayo político disfrazado de ficción, y alcanzó el virtuosismo en el arte de la verosimilitud: nada jamás parece falso en sus páginas, demasiada sangre caliente mezclada con la tinta negra del manuscrito. Joyce, Camus, Proust o Tolstoi arroparon su escritura.

Quiso conocer los desafueros del franquismo y el proceso de la transición española, leyó a García Lorca y a través de su poesía se asomó al drama español. A una mujer tan sensible en todo aquello que atañe a cuestiones humanitarias, a la concordia entre pueblos, le entusiasmaba cada prueba irrefutable de que el arte, o el intento de alcanzarlo, supera tarde o temprano los obstáculos que el Estado o la historia social le imponen. No soportaba la censura. Le fascinaba el surrealismo, aunque nada tenga que ver con él su obra literaria. Disparaba a bocajarro su solidaridad cada vez que surgía cualquier cuestión que atañera a las minorías, no en vano su vida entera giró alrededor de la idea de diferencia. Sonreía feliz junto a su editora, Ana Mª Moix, en la Librería La Central, cuando se veía a sí misma abrazada por su amigo Günter Grass en la foto que les hizo hace ya unos años Inge Feltrinelli. Vivió procurando que nadie seque por la fuerza la tinta de quien desee escribir para comunicar en negro sobre blanco, y valga la frase aquí en su doble sentido. Le gustaba la idea de darle la vuelta en broma a la frase de Paul Valéry: “La literatura no se hace con palabras sino con ideas”.

Javier Aparicio es Profesor Titular de Literatura Contemporánea y Comparada en la Universitat Pompeu Fabra y crítico de Babelia.


Bibliografía selecta

Novelas:


Los días falsos (1953).

Mundo de extraños (1958).

El último mundo burgués (1966).

Un invitado de honor (1970).

El conservador (1974).

La hija de Burger (1979).

Gente en julio (1981).

Un capricho de la naturaleza (1988).

Historia de mi hijo (1990).

Nadie que me acompañe (1994).

Un arma en casa (1998).

El encuentro (2001).

Atrapa la vida (2005).

Mejor hoy que mañana (2013).

Relatos:

Cara a cara (1949).

La huella del viernes (1960).

Los compañeros de Livingstone (1970).

El abrazo de un soldado (1980).

Hay algo ahí afuera (1984).

El salto (1991).

Saqueo (2003).

Contar cuentos (2007).

Beethoven tenía algo de negro (2007).

martes, 8 de julio de 2014

Sin autonomía ni historia municipal



Onofre Guevara López

La centralización del poder bajo el Ortegato (*) es uno de los signos mortuorios de la institucionalidad democrática. Y una de sus víctimas más connotada ha sido la autonomía municipal, por ser esta la estructura básica donde se hace real la participación de la ciudadanía en los asuntos de la administración pública. También es la instancia más cercana al ciudadano para ligar su compromiso y responsabilidad con el progreso local.

El ortegato no hubiera podido consolidarse sin la centralización del poder, es decir, sin la absorción autoritaria e ilegal de la autonomía municipal, comenzando por la sustitución del derecho de sus partidarios de escoger a los candidatos para presidir las alcaldías. En la última elección, no hubo candidato que no fuera designado por Daniel Ortega y Rosario Murillo, e impuesto a la militancia a través de sus operadores políticos locales, quienes atropellaron la voluntad de las bases que demostraron su inconformidad con ese método de “elección”.

No han sido pocas las consecuencias negativas de tal práctica, pues, aparte de la falta de libertad para la escogencia de los candidatos, luego vino su imposición por la vía del fraude electoral que les dejó huérfanos de representatividad. Esto creó un terreno fértil para la corrupción, pues de entre tales alcaldes con su iniciativa reprimida y pasivos receptores de todo lo que les “bajan”, surgieron alcaldes ineficaces y corruptos. Y como la corrupción en el gobierno es una actividad que suelen silenciar, los expulsan del cargo… “problemas de salud”. 

Dentro de este esquema de gobierno, ni siquiera el manejo de la historia local goza de autonomía, porque los eventos y las celebraciones locales las orientan desde Managua. Con ello afectan el desarrollo cultural propio de los municipios, y también les hacen cometer lamentables equivocaciones. 

Eso lo pude comprobar el pasado 29 de junio en la ciudad de Nandaime. En fecha reciente, habían ordenado a las alcaldías promover la selección y la premiación de la casa más antigua de la ciudad, que no tuviera remodelaciones y, por ende, conservara en su construcción original. Cuando supe que la casa de Dionisio Guevara Pérez (tío mío), había sido escogida como la casa, o una de las casas, más antigua de Nandaime, se me antojó visitarla y verla en su estado original, tal cual la recordaba. Lo único nuevo que ahora luce esa casa, es una placa en una pared exterior con una leyenda escrita con la letra y los colores que usa en su papelería el “buen gobierno”, y con la fecha de cuando, supuestamente, fue construida: el año 1896 del Siglo XIX. Por ser una iniciativa ajena, en la alcandía no investigaron en serio la historia de la construcción de la casa, y ahora están engañando a las nuevas generaciones locales. 

Semejante equivocación se descubre con solo hacer la cuenta que los de la alcaldía debieron haber hecho: el tío Dionisio nació en el último año del Siglo XX, o sea, en el 1900, y construyó su casa para casarse, unos 25 años después. De manera que es imposible que hubiese construido la casa en 1896… ¡cuatro años antes de haber nacido! 

¿Cuántos fraudes parecidos o peores se habrá cometido en todo el país? Ni lo imagino, pero tengo la imagen “del magno acto”, según me lo describieron, donde se impuso la placa mentirosa a la casa del tío Nicho: un acto político-cultural, con danzas y discursos dignos de una competición para ganar los primeros lugares en la historia de la cursilería (de esas “tantas babosadas municipales”, como escribió Manolo Cuadra en su poema Perfil) y la constante e infaltable letanía que da … “gracias al comandante Daniel y a la compañera Rosario” por haberles restituido a los nandaimeños todos los derechos… ¡incluso el derecho de conocer su propia la historia!

Sería bueno que los ciudadanos investigaran si sus autoridades locales han podido escapar o no de cometer errores semejantes, gracias al secuestro de la autonomía municipal. 

(*) Ortegato: versión nica de Sultanato, territorio dominado por un sultán.

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Paráfrasis

La canción de aniversario (cantada con cualquier música, siempre que sea plagiada): 

“Yo quiero vivir en un mundo mejor”, 

porque lo peor del mundo es vivir… 


¡como los Dos quieren que vivamos!

¿Cuántas horas necesitamos dormir realmente?



El tiempo ideal de sueño varía de una persona a otra, pero las investigaciones demuestran que las ocho horas diarias no son necesarias.
Dormir es una de las partes más importantes de nuestro día a día. No en vano lo más probable es que sea la actividad en la que empleemos más tiempo a lo largo de nuestra vida. Por supuesto, el resto de tareas diarias se ven condicionadas por las necesidades de reposo que requiere el organismo. Pero, ¿cuántas horas necesitamos dormir realmente? No son ocho, como dicta la creencia popular, y no necesariamente resulta beneficioso alargar el tiempo de sueño.
Hoy en día, cuando los niveles de productividad se estudian al detalle y se trata de optimizar al máximo el rendimiento en el trabajo, cobra cada vez más importancia el descanso. Ya hace tiempo que se desmontó el mito de las ocho horas diarias de sueño y, aunque no hay una sola idea concluyente de cuántas horas necesitamos dormir, se puede tomar como referencia lo que han descubierto algunos investigadores.
Uno de los especialistas en sueño más prestigiosos, Daniel Kriple, ha constatado en su último estudio que la gente que duerme entre 6,5 horas y 7,5 horas, además de vivir más tiempo, es más feliz y más productiva. Otra de las claves que apunta tiene que ver con dormir más de las ocho horas tradicionales. Según sus conclusiones, dormir 8,5 horas podría ser peor que dormir 5 horas.
Estas cifras pueden variar ligeramente de unas personas a otras, pues no todo el mundo tiene las mismas necesidades debido a su genética, complexión e incluso a su actividad diaria. ¿Pero qué ocurre si dormimos menos de lo necesario? Una de las creencias extendidas es que perdemos capacidad para enfrentarnos a nuestras tareas. No es del todo cierto. Una persona falta de sueño puede llevar a cabo las mismas funciones que otra que sí haya descansado bien.
La diferencia –nada desdeñable– está en que la persona que ha dormido poco tiene más dificultad para recuperar la concentración. Y es que todos nos distraemos constantemente, pero cuando el cerebro se encuentra en buenas condiciones tiene más facilidad para volver a centrarse, algo mucho más costoso cuando hay falta de sueño. Además, alguien con este impedimento para concentrarse no repara en su déficit, algo que contribuye a la infravaloración del sueño.


Un motivo para echarse la siesta: la productividad

La siesta puede convertirse en otra de las claves para mejorar la calidad del sueño. De hecho, algunos historiadores han señalado que hasta hace pocos siglos era habitual la práctica de segmentar el sueño en dos etapas. El escritor Michael S. Hyatt afirma que diariamente duerme la siesta alrededor de las tres de la tarde, cuando nota que su productividad cae en picado. Tras el reposo cuenta con otra hora y media de alto rendimiento.
Eso sí, las recomendaciones siempre hablan de no excederse en el tiempo de siesta, que no supere los 25 minutos o media hora. Este hábito lógicamente lleva a estar menos cansado, de lo que se deriva que se tenga mejor ánimo, algo que constituye una base sólida para estar más contento.
Imágenes: Toni Blay y aphasiafilms

http://blogthinkbig.com/cuantas-horas-necesitamos-dormir/

CUATRO CONSIDERACIONES QUE DEBIERON HABERSE TENIDO EN CUENTA ANTES DE LAS CONCESIONES HECHAS A QUAN YIN

Si el Canal es antiecológico, de acuerdo al estudio de factibilidad, eso nunca será conocido por la ciudadanía nicaragüense. NO HAY EN ABSOLUTO NINGUN GARANTÍA DE QUE LOS RESULTADOS DE LOS ESTUDIOS DE FACTIBILIDAD SERÁN DADOS A CONOCER AL PUEBLO NICARAGÜENSE. Eso, lo primero. Quien dude de esto es un iluso, no conoce el orteguismo ni el capitalismo encarnado en Quan Yin. Ya ven que a estas alturas estaba prometido que conoceríamos la ruta del Canal, y a eso todavía le siguen dando largas.


Lo Segundo: ¿Qué garantía hay de que los estudios que se están hacienda en el aspecto medioambiental van a estar bien hechos? Los peligros para el medio ambiente son conocidos y han sido expuestos suficientemente por el Dr. Incer y muchos otros científicos nicaragüenses y extranjeros. Y es altamente sospechoso que ni el Dr. Incer ni ninguno de esos críticos ha sido involucrado en los tales estudios, como era de rigor que lo hubieran sido. Ante eso, hay la sospecha vehemente de que esos estudios dirán, porque sí, no por ninguna objetividad, que el Proyecto del Canal es absolutamente ecológico y respetuoso del medio ambiente. Los tales estudios serían una mampara para darle una falsa legitimidad al proyecto del canal.


Lo Tercero: si el Canal resulta calificado como antiecológico, el concesionario no tiene ninguna obligación por ley de no hacerlo, y seguirá adelante, y lo hará, si eso continua siendo parte de sus intereses. La Ley lo faculta para eso. Ése es el grave error de haber hecho la concesión liberalísima que se hizo, arriesgando los principales recursos de Nicaragua, en favor de Quan Yin.


Cuarto: si el Canal es antiecológico, y Quan Yin lo reconoce, a lo más a lo que podemos esperar es a que Quan Yin invierta en contrarrestar los desastres ecológicos y a pagar a Nicaragua una compensación por los daños que sean irreversibles una vez construido el Canal. No a que el Canal no se construya y se eviten esos desastres. Pero una compensación no suprime los daños medioambientales. Un lago perdido, una selva devastada, especies destruídas, etc. no pueden ser compensados por nada que no sea otro lago y otros ríos y otros recursos iguales a los perdidos, y eso no será possible. Quan Yin nos fabricará, en el mejor de los casos, otra Nicaragua de mucho menor valor natural y recursos que la Nicaragua que sería destruida por el Canal. Suficiente destrucción de nuestros recursos natuales vamos a sufrir por el calentamiento global, para que de inmediato se añada la destrucción por el Canal.


Estas cuatro consideraciones debían ser conocidas por Kamilo Lara, y supongo que lo son. Pero para él no son de importancia. Pues si lo fueran, él sabría que los estudios deberían haber precedido la concesión de los recursos para el Canal. Él debe saber que se están poniendo los bueyes detrás de la carreta, y que la carreta no se moverá o se la dejarán resbalar en una pendiente sin ningún control. Que una vez que se hizo la concesión, los daños inherentes a la misma son totalmente irreversibles. ¿Qué me dice señor Kamilo Lara?


Iván García Marenco