El diario granadino EL CORREO (1913-1934), fué fundado por quien fuera su Director, Carlos Rocha Avellán y es sobre todo recordado por haber dado acogida a las publicaciones literarias del Movimiento de Vanguardia, "Rincón de Vanguardia" y "Página de Vanguardia", a cargo de Pablo Antonio Cuadra Cardenal y Octavio Rocha Bustamante, hijo éste último de don Carlos y padre de Luis Rocha Urtecho, quien, junto con su nieto Luis Javier Espinoza Rocha, retoman hoy "El Correo Nicaragüense"; un blog pluralista, que agradece la reproducción de su contenido.

viernes, 20 de abril de 2012

“Nada logra desplazar el cansancio de la memoria”

Adriano Corrales Arias



Subtítulo: Apuntes sobre la poesía de Helio Gallardo, o Helio Gallardo como Poeta. Conociendo la trayectoria académica y la producción bibliográfica, así como la intensa actividad docente y periodística en el análisis sociopolítico, de Helio Gallardo, muchos fuimos sorprendidos con la publicación de su primer libro de poesía, Adquisición de un automóvil (Ediciones Perro Azul, San José, 2001). | ADRIANO CORRALES ARIAS.*

De hecho, son muchos los lectores “serios” de sus numerosos ensayos sobre la realidad social y política popular de América Latina, o de los agudos y mordaces artículos en el Semanario “Universidad”, o en el mensual “Ojo”, quienes aun se niegan a reconocer a Helio como poeta.

Por supuesto, aquí pesa mucho el nefasto prejuicio de la seudo academia y de los “intelectuales duros”, quienes ven en la poesía un género menor, un pasatiempo interesante, un ejercicio vago e infructuoso, un quehacer de excéntricos e iluminados, una esfera para bohemios malditos, es decir, una actividad “irracional”.

Esos prejuicios se entrelazan con la aureola de solemnidad que suele rodear a los intelectuales en el ámbito de las ciencias humanas en general, donde el “pensamiento” es el centro privilegiado de la cuestión, y donde las emociones no tienen cabida. La ternura, la rabia, el amor, son palabras expulsadas de “La República” académico/política del cálculo y la razón.

Todavía peor: resulta que Helio no solo se deja publicar un libro de poesía, sino que insiste con el segundo, “Para subir al Jomalú” (Ediciones Perro Azul, San José, 2002). Y ahora nos viene con el tercero, que es una suerte de antología ampliada: “All ¿together? now”. Y más grave aún: su poesía no está contenida por versos trascendentes de vibración lírica con función autotélica. No. Nos receta una poesía descarnada, corrosiva, espesa, obscena, con léxico coprolálico o escatológico. ¡Horror de horrores!: ¡su poesía también es política!

Así tenemos que, además de asumir la triste tarea del poeta —triste en tanto sabemos que la poesía es un oficio marginal en la sociedad capitalista globalizada— Helio Gallardo lo hace desde la impugnación y la resistencia ante las diversas formas en que el poder se ejerce.

En otras palabras, el poeta es absolutamente coherente con el pensador y analista social, en tanto conjura la violencia ejercida desde el poder con recursos semióticos —ternura, rabia, amor— que son respuestas a las condicionantes del mismo poder. Su poesía está concebida como una expresión de resistencia, como un testimonio contra el olvido, como una posibilidad de soñar aun en el centro de la pesadilla.

Por eso para muchas personas es difícil aceptar que este señor de origen chileno, productor de textos sociopolíticos y de una carrera docente universitaria impecable, se convierta, de la noche a la mañana, en poeta. Mucho menos aceptar —en un país donde la poesía (así con minúscula), salvo serias excepciones, ha sido la metáfora retorcida, la imagen oscura, el romanticismo trasnochado; en otras palabras: el trascendentalismo egocéntrico de un círculo cerrado de amigos que se publican a sí mismos y se reparten los principales premios nacionales o se los conceden a sus discípulos —que eso que publica como poesía, en realidad sea poesía.

Se vuelve sospechoso que de repente, “después de viejo”, y sin haber frecuentado ningún círculo literario, ningún taller de poesía, ni tener relación alguna con la “literatura”, Helio Gallardo empiece a publicar un tipo de poesía que rompe con el canon costarricense y la estética oficial. Sí señores, y señoras, sospechoso, demasiado sospechoso.

Adquisición de un automóvil
En su primer libro de poesía, Adquisición de un automóvil, (desde el prosaísmo de su título ya nos enfrentamos a una poesía contracorriente) Helio Gallardo nos invita a subir a un nuevo auto —no tan futurista como pensaría alegremente Marinetti— donde la poesía transita por la irónica mirada del hombre y del paisaje, devastados por el olvido.

Es un libro corrosivo y ácido, incómodo como nos lo advierte la poeta Ana Istarú en la presentación del mismo, donde asistimos a la prepotencia del poder, por supuesto patriarcal, que confunde su falo con un arma de grueso calibre, expresándose en Chile, en el Magreb, en la China, en Hollywood, en Acatenango, en la Plaza de San Pedro, en El Salvador, o en la misma Costa Rica donde la democracia es tan frágil que Si usted la coloca junto a una estufa encendida / la noción se derrite / y se convierte en doce o trece pozas rosadas.

Pero en esta nueva Poesía no solo se alude, y se enjuicia al poder. Mejor dicho, porque se alude y se enjuicia, es decir, porque se conjura la sombra genocida del ejercicio del poder, especialmente en América Latina, aparece una serie de personajes provenientes de los sectores populares: obrer@s, campesin@s, intelectuales, estudiantes, guerriller@s, putas, homosexuales; personajes invisibilizados en las “literaturas nacionales” salvo (otra vez), serias excepciones; productores y luchadores todos y todas por un espacio más humano donde “una ternura intensa cruza el odio que construye la victoria”.

Es una Poesía de lucha y de resistencia. Poesía combativa y combatiente. Pero, para aquéllos que temen un libelo gratuito, un panfleto inflamado, me apresuro a subrayar que, lejos de ese facilismo retórico de cierta poesía de “denuncia”, Gallardo el poeta, hace gala de un lenguaje elaborado con imágenes sorprendentes y con una evidente complejidad sintáctica que rompe con el simplismo de ciertos textos diz que poéticos.

Es una poesía dura, provocadora, disonante, con un lenguaje subversivo, por lo tanto de ruptura, pero que no desdeña la nostalgia de la niñez ni la placidez de la “húmeda memoria”. Definitivamente estamos ante una Poesía a contrapelo del discurso adobado y sobado de lo sancionado como poético, producción contracorriente en el ámbito de la creación poética costarricense. Tanta es su provocativa inversión del lenguaje tradicionalmente “poético” que estoy tentado a llamarla “Antipoesía”, tal y como denomina su poesía otro gran creador chileno, Nicanor Parra, cuyo aliento circula por el subtexto de este primer poemario de Helio.

Pero la provocación, obviamente, no se queda solo en la forma (ya lo sabemos: no podemos desligar forma de contenido). Vamos al contenido: el asedio del sexo o el sexo como mercancía y lucha de clases; el asesinato del amor, de la ternura, del placer; el racismo abierto o solapado; el artista “ligth” o liviano; la doble, cristiana y criminal moral de los poderosos; la misoginia y la homofobia.

En otras palabras: temas prohibidos, o vedados, para la poesía en el canon del buen gusto y de la estética complaciente que priva en los cenáculos literarios, en los claustros académicos, en los suplementos culturales de pose y lentejuela, en las esferas intelectuales institucionalizadas, esas donde pululan los “ligth” que, precisamente, medran a la sombra del poder.

Además, y ese es otro de los valientes aportes de la poesía gallardiana, ese contenido rupturista y provocador se realiza desde una visión corrosivamente humorística, con el sarcasmo propio de quien sabe que el humor no cuadra a las esferas del poder, mucho menos a los sátrapas y “hombres fuertes” del animalario político latinoamericano. Ese humor, sin embargo, comporta cierto regusto adolorido, que puede ser brutal pero siempre contenido en la medida de su propia sobriedad, es decir, a pesar de su aspecto desabrido y ácido siempre conserva un refinamiento en el uso justo de la palabra.

Y como si esto fuera poco, esa acidez nos lleva a veces a un tono menor, confesional, donde el hablante nos susurra sus debilidades y sus torpezas, sus desengaños y sus traiciones, a la par de la denuncia abierta y de la “desconstrucción” del discurso oficial de la prensa y de los medios empresariales de la comunicación masiva, con toda su parafernalia tecnológica.

Poesía corajuda, como un golpe seco en la penumbra, pero sin descuidar la técnica del golpe ni el guante, es decir sin perder la contención y la elegancia, porque “lo cortés no quita lo valiente”. Poesía ambigua como todo verdadero arte, provista de esa opacidad plurisignificativa necesaria para una recepción y una lectura múltiples. Poesía a contrapelo, contra la corriente, impugnadora de lo decadente de un sistema global donde hasta la palabra se ha mercantilizado y se transnacionaliza impunemente. Poesía adquirida en el crisol de la lucha cotidiana y simbólica, reverbero lúcido de las culturas populares, donde la “voz ajena” se hace propia y donde la esperanza no se pierde, brilla como estrella solitaria en un cielo enturbiado bajo el efecto invernadero.

3. Para subir al Jomalú
Si Adquisición de un automóvil es ya un libro de ruptura, Para subir al Jomalúes un poemario más que complejo y por supuesto rupturista. El mismo consta de cinco partes: “América Central”, “Constitución de Chile”, “Guerra de la Unidad Popular chilena”, “Dos cuecas referidas” y “Mirada vidriosa baba era la muerte”. Sin embargo, debo subrayar que la primera parte, siguiendo una estructura cercana a la edición cinematográfica, o al énfasis o “coda” de la composición musical, se repite al final pero sin el nombre de América Central, simplemente con el nombre que da título al poemario.

Y me apresuro también a señalar que este poema ya se encontraba en el primer libro “Adquisición de un automóvil”, lo que significa que hay cierta continuidad en el proyecto poético de Helio Gallardo, o dicho de otra manera, ya en ese primer libro estaba el germen de esta enorme sinfonía Para subir al Jomalú, como ahora se prolonga en All ¿together? now, al incluir poemas anteriores.

Este es un poemario de la memoria, de la palabra como herramienta de lucha contra el olvido. Teniendo como centro histórico y semántico el criminal golpe de estado contra el presidente constitucional Salvador Allende en Chile “El once de septiembre de mil novecientos setenta y tres”, acontecimiento desencadenante de un proceso que llega hasta nuestros días con su estela de dolor, opresión, miseria, terror, asesinados, desaparecidos, esquizofrenia, vergüenza y desolación; el poemario va y viene desde ese Chile de combate y derrota criminal, hasta una Centroamérica de lucha y firma de una “pax” ilusoria, por lo tanto pervertida desde su propia génesis.

El ejercicio de la memoria se da no solo en las imágenes desgarradas y superpuestas entre la lucha y el dolor, la resistencia y el crimen, la canción y la tortura, la palabra y el fusil, sino, y fundamentalmente, desde la reflexión que permite la distancia para entender esa espantosa dentellada contra un pueblo que iniciaba la construcción de una sociedad más justa y armónica, una sociedad que continúa siendo soñada. Por eso la memoria es una relectura de los hechos, una evocación y un cuestionamiento donde el hablante no juzga simplemente, sino que interpela a todos los actores de esa oscura circunstancia histórica, confrontándolos con el desencanto y la derrota:
“…pero en cierta forma la Unidad Popular era un cuento… no fue conjuro destinado al desencanto… A la Unidad Popular le giraba agarrones el imperialismo yanqui… En lo fundamental, sin embargo, la Unidad Popular se mantuvo a la defensiva… La Unidad Popular no consiguió apreciar esa desagregación última…”

Texto que puede leerse como un texto de historia reciente, al estilo de la mejor épica o narrativa, Para subir al Jomalú es un poemario parteaguas en la poesía costarricense, no solo por las cualidades de sintaxis compleja y renovadora y de ensamblaje de imágenes con una sobriedad que va más allá, o más acá, de las experimentaciones posmodernas, sino porque incorpora a la tradición de la poesía social y política el análisis y la reflexión de hechos acaecidos históricamente y de personajes aún vivos en una cotidianidad casi cinematográfica, a veces televisiva o periodística.

Es una poesía reflexiva y corrosiva que evoca y cuestiona, que canta y desencanta, que explora y reclama, que susurra y grita; es una relectura de sí misma y de la historia colectiva a partir de la misma poesía, o de la “antipoesía”, por lo tanto memoria poetizada que nos conmina a no olvidar la tragedia ni “a sus muertos y sosteniendo la esperanza”.

All ¿together? now
El título del tercer libro de Helio Gallardo, título de una de las canciones del célebre grupo musical The Beatles, solamente que con el vocablo together (todos) en signos de pregunta, es, a partir de la misma enunciación (interrogada), una relectura de la juvenil alegría psicodélica de los muchachos de Liverpool, desde la angustia tercermundista ante un mundo unipolar amenazado por el mayor imperio conocido hasta ahora.

Y nuevamente, como parte de ese proyecto de prolongación poética que hemos destacado, el autor inserta poemas ya incluidos en sus libros anteriores, como i>Violeta Parra (aquí sin el número romano I de Adquisición de un automóvil),Conciertos gratuitos, Facultades extrañas, Entrevista con Rodney Arismendi,y otros que el lector sabrá reconocer.

Lo anterior nos prepara, o nos previene, de alguna manera, para un concierto en analogía con los grandes espectáculos del rock. (It$ only rock’n roll, mae reza uno de sus poemas). Ciertamente el concierto no será solamente de rock, ni con una sola banda. La polifonía y la poliritmia serán el distintivo de este “concerto grosso”. Cientos de voces subirán a la tarima para entonar, o desentonar, sus cantos, susurros, desencantos, sonidos crujientes, sueños, gritos y aullidos.

Desfilarán las grandes estrellas de la farándula internacional retransmitidas por CNN (Pinochet, la CIA, Kissinger, Simón Pérez, Condoleezza Rice, Bu$h, Colgate-Palmolive, Coca Cola Inc, etc.); pero también harán uso del micrófono Don Quijote, Sandino, El Ché, Hugo Chaves, los Zapatistas y cientos de héroes, trabajadores, indígenas, mujeres, precarizados, asesinados, torturados, emigrantes e indocumentados: personajes del underground, de la resistencia cultural y la contracultura.

Ingresamos, entonces, a un megaconcierto sui generis (pero no del célebre grupo que integró Charly García): la disonancia, lo corrosivo, la protesta, el dolor y el sarcasmo será lo privilegiado, alternando con ritmos de Acid rock, Etno rock, Punk, Trash metal, Grunge, Garage, Blues, Soul, Rap, Ská, Regaetón, Tango, Candombea, Mambo, Cha-cha-chá, Danzón, Salsa, Merengue, Cumbia, Cueca y Trova, entre muchos otros.

Otra vez se pasa revista a la historia pero “desconstruyéndola” desde un todavía precario presente que también impone mordazas a la libre expresión y al recuerdo. La historia se poetiza, es decir, se analiza desde el verbo posible para comprender lo sucedido y conceptuar lo viable en ese devenir dialéctico desde laUnidad Popular de Chile hasta los pueblos latinoamericanos y de todo el planeta. Pero la teoría política y la sociología explotan, más bien se expanden, en un enjambre de imágenes híbridas que cuestionan y remueven las entrañas de la misma historia.

Y desde esa historia surgen los héroes: Salvador Allende Gossens quién “Dirigió la defensa de la casa de la ley” y sus compañeros caídos en el criminal golpe de estado donde, reiteradamente, como porrazos de la reminiscencia, “Mirada vidriosa baba era la muerte”.

Del espanto y el dolor, como experiencias necesarias contra el olvido, se avanza hacia “el principio de causalidad” con el humor gallardesco que ya hemos señalado y que no terminamos de celebrar.

Léase si no, ese notable poema denominado “A la hora de poner dijo la gallina”, donde con hipérboles y oposiciones semánticas no solamente se desacraliza la historia, sino que se reinterpreta el mito religioso y se contemporiza la explotación transnacionalizada desde el mismo mito, pero buscando la liberación y la esperanza al humanizar a Mahoma (“indocumentado”) y a Cristo (“sin madre reyes ni cordero”), colocándolos al lado del Ché, mejor dicho, colaborando y apoyando su retirada y su necesario retorno. O si aún no es suficiente, les invito a degustar el portentoso “Chancho quemado” (odio la libertad de prensa), donde se relata la leyenda de “Rasputín puto… macho viril espléndido”, en situación francamente antipoética, grotesca, e incendiaria, pero agudamente aleccionadora.

Si pudiésemos resumir en conceptos la pluralidad semántica de este nuevo poemario de Helio Gallardo, diríamos que su signo distintivo es la desacralización. Desde la polifonía, la poliritmia y la hibridación, el poeta nos recuerda (y este es un vocablo al que siempre volveremos en la poesía gallardiana: recuerdo, memoria) un mundo desgarrado por las intervenciones del imperio o las balas perdidas que intentaban asesinar al Papa.

Multiplicidad de voces desmontando con ironía, a veces grotesca (parodias; intertextos; pastiches; hipérboles desde el bajo vientre y la sexualidad ¿pervertida?), las “carnes tolendas”, pero no del adiós a la carne, sino de la celebración paródica del cuerpo como en el carnaval, y la saña de un sistema que lo sataniza a favor del capital: la cuaresma perdura 365 días para las clases populares y los excluidos. Es la historia escolar narrada, es decir secuestrada, ocultada, por los medios masivos de comunicación comercial.

Dicho de otra manera: las culturas populares con su áspera franqueza, le disputan su visión a las transnacionales de la información y el divertimento, sea la cultura de masas, sin ceder un ápice a la cultura de élite, más bien confrontándola donde más le duele.

“La voz ajena” de Mijail Bajtin (Orel 1895, Moscú 1975), el crítico y ensayista literario ruso silenciado por el stalinismo, sea, la voz de la plaza pública, se disloca por todas las perspectivas posibles, rescatando, con sarcasmo y energía popular, la memoria como componente de una nueva historia, ésa que nos ha sido birlada por la violencia estructural, la seudo prensa, la academia “new age” empresaria y la versión oficial. Es el torrente de la voz popular, no como “doxa” sino como sabiduría, que recela de lo preestablecido y oficioso, junto a la voz del hablante poético (o si se quiere, el segundo cediéndole la voz a la primera) quienes desarman lo sacro y lo canónico del discurso dominante para abrir nuevas perspectivas a la interpretación de nuestra historia reciente. Pero sin perder la emocionalidad y la imaginación (verosimilitud) poéticas, ni la mordacidad lúdica.

Ese torrente corrosivo pero lúcido, ingresa al océano de la poesía como hálito refrescante que pone en remojo todas nuestras certezas acerca de la realidad. Pero, y he aquí una enriquecedora paradoja: siendo poesía eminentemente política su factura no es realista (a no ser un “realismo sucio”). Se apoya, como lo advertimos, en los principales logros y avances de las pos y transvarguardias, a partir de una sintaxis híbrida y resquebrajada, a veces áspera y disonante; refracción de la historia fracturada por la ignominia en un mundo caótico y absurdo debido al influjo del capital con su efecto invernadero, multiplicado por la explotación y el descarte.

Todo ello sin evitar el simulacro, el hipérbaton, la hipérbole, la imagen superpuesta, el intertexto, como herramientas para armar una propuesta altamente cuestionadora, no sólo en términos “histórico-políticos”, sino en remates semánticos y semióticos.
Poesía con garra pues. Espesa. Corajuda. Furiosa. Al duro y sin guantes. Poesía sin trajes vistosos ni metáforas distinguidas o relucientes. Al margen. Abrevando en los sectores excluidos e invisibilizados como resistencia tenaz frente al olvido, el rechazo, la opresión y el estercolero. Ácida. Corrosiva. Brutal. No apta para lectores formados en la placidez, el confort y la trivialidad. Obscena. Pero viva. Tremendamente viva.

Y sarcástica, como los mercados, las ferias y las fiestas populares. Fluyente como la savia de los árboles, la sangre de los pueblos. Reflexiva a partir de esa savia y esa sangre renovadas constantemente. Desde la lucha. Desde el cansancio de la memoria. Subversiva. Lúcida. Terriblemente lúcida. Contracorriente. A contrapelo. Poesía contrapoesía. Antipoesía. (Acá se cita a Nicanor Parra: Líbrese del plagio). Gallarda.

Renovadora en todo caso. O como usted guste apodarla. Poesía.
——
*Escritor

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