El diario granadino EL CORREO (1913-1934), fué fundado por quien fuera su Director, Carlos Rocha Avellán y es sobre todo recordado por haber dado acogida a las publicaciones literarias del Movimiento de Vanguardia, "Rincón de Vanguardia" y "Página de Vanguardia", a cargo de Pablo Antonio Cuadra Cardenal y Octavio Rocha Bustamante, hijo éste último de don Carlos y padre de Luis Rocha Urtecho, quien, junto con su nieto Luis Javier Espinoza Rocha, retoman hoy "El Correo Nicaragüense"; un blog pluralista, que agradece la reproducción de su contenido.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Las grabaciones ilegales del Papa muestran su enfado por la corrupción económica en el Vaticano



EFE

JUAN VICENTE BOO Corresponsal En El Vaticano - 03/11/2015 


Las grabaciones ilegales del Papa mediante un teléfono móvil en el verano del 2013 muestran el enfado de Francisco por el desorden y los vicios en la gestión económica del Vaticano, un tema ya comentado ampliamente en los debates del precónclave del mes de marzo, que asignó a quien saliese elegido la tarea de hacer «limpieza en los establos».

Según los adelantos publicados el martes en la prensa italiana para la promoción del libro «Via Crucis» de Gianluigi Nuzzi, el Papa denunciaba el 3 de julio del 2013 que «buena parte de los costes esta fuera de control», y que «ha aumentado demasiado el número de empleados» del Vaticano.

En esa reunión con la persona o las personas encargadas de poner orden, Francisco lamentaba que muchos proveedores inflasen las facturas muy por encima de lo presupuestado. Según el texto, el Papa comenta que «uno de los responsables me decía: "Pero vienen con la factura, y tenemos que pagar…" Pues no, ¡no se paga! Si algo se hace sin presupuesto previo y sin autorización, no se paga (…) ¡Claridad! Esto se hace en las empresas más modestas y tenemos que hacerlo también nosotros».


En ese encuentro, que duró 16 minutos, el Papa indica que «antes de cualquier compra o antes de realizar obras se deben pedir al menos tres presupuestos distintos, para poder elegir el más conveniente. Por ejemplo, lo de la biblioteca. El presupuesto decía 100 y después se han pagado 200. ¿Qué ha pasado?».

Francisco urge a estudiar cuidadosamente los contratos porque esconden «muchas trampas», y subraya que «nuestros proveedores deben ser empresas que garanticen la honradez y que propongan el justo precio de mercado para los productos y los servicios. Algunos no garantizan esto».

En realidad, la «operación limpieza» en los proveedores y las fianzas del Vaticano la había comenzado ya Benedicto XVI en los últimos meses de su pontificado, pero la falta de energía física, su aislamiento, y la enorme resistencia del sistema, incluso a niveles muy altos, dificultaba cualquier progreso. El banquero italiano que Benedicto XVI trajo para poner orden en el banco del Vaticano (IOR) fue saboteado y cesado en una maniobra pilotada por el secretario de Estado, Tarcisio Bertone.

Tan solo el trabajo de las dos comisiones investigadoras creadas por el Papa Francisco y apoyadas por seis de las mejores consultoras mundiales han permitido ver la podredumbre escondida en una opacidad mantenida a toda costa hasta el verano del 2015.

La nueva secretaria de Economía, dirigida por el cardenal australianoGeorge Pell ha erradicado ya parte de las «malas prácticas», lo mismo que el nuevo presidente del IOR, Jean-Baptiste de Franssu ha conseguido eliminar la mayoría de las cuentas y operaciones ilegales en el banco del Vaticano.

Los informes de las consultoras, filtrados ilegalmente al autor del libro, sacarán los colores, en cambio, a los altos prelados que se aprovechaban del sistema anterior o que utilizaban su influencia para permitir que empresas de sus amigos «sangrasen» al Vaticano inflando costes y facturas. Era una gestión «a la italiana», que puede pasar a la historia en dos o tres años si Francisco mantiene su energía.

Entretanto, el sacerdote español Lucio Ángel Vallejo Balda, arrestado el pasado viernes como presunto responsable de la entrega de esos documentos y grabaciones hace varios meses al autor del libro, continúa en los calabozos del Vaticano en régimen de prisión preventiva que puede prolongarse bastante tiempo.

A su vez, la lobbista de la consultora Ernst & Young Italia, arrestada brevemente el fin de semana y puesta en libertad por cooperar con la investigación, afirma en varias entrevistas con medios italianos que ella es inocente y que Vallejo Balda trata de incriminarla: «Yo estoy muy bien. No tengo nada que ver con los hechos. Es el monseñor quien ha tratado de acusarme».

Francesca Chaouqui, de 33 años, experta en relaciones públicas, hace continua publicidad de sí misma. Una y otra vez, su presencia en «patinazos» de Vallejo Balda, como la recepción y «cátering» para VIPs en la terraza de la Prefectura de Asuntos Económicos durante la canonización de Juan Pablo II se salda con el mismo balance: desprestigio del sacerdote español y valiosísima publicidad para la «relaciones públicas» italiana.

Los investigadores del Vaticano han vuelto a interrogarla el martes, pero tanto Francesca Chaouqui como su abogada reiteran que saldrá absolutamente indemne.

El procedimiento judicial contra Vallejo Balda puede ser muy lento, ya que el Tribunal del Vaticano trabaja solo los sábados. De momento, el caso está todavía en fase de investigación a cargo del fiscal, que presentara su informe al Juez Único, a quien corresponde decidir la puesta en libertad o el envío a juicio.

Por el tono del comunicado que el Vaticano hizo público el lunes para dejar clara la gravedad del delito, el envío a juicio es seguro. Hasta ahora, en los casos de presuntos delitos de eclesiásticos, el Papa Francisco siempre ha indicado que la justicia penal siga su curso y actúe con diligencia.

INVITACIÓN


INVITACIÓN


Rubén Darío en Europa (1899-1907)


Ainicios del siglo XIX, y en el contexto de su política expansionista, Estados Unidos fijó su primer área de ensanche en zonas donde España tenía valiosas colonias: Cuba y Puerto Rico en el Caribe; Filipinas, las Carolinas, las Marianas y las Palaos en el Pacífico, presas fáciles de arrebatar por la crisis política de su metrópoli desde el fin del reinado de Isabel II. La geofagia norteamericana desembocó en la guerra de 1898 contra España, que al ser derrotada perdió Cuba (proclamada república independiente bajo tutela de US
A), Puerto Rico, Filipinas y Guam, convertidas en dependencias coloniales. La pérdida de estas posesiones de ultramar ocasionó graves repercusiones en la península ibérica, las que la dirección de La Nación quiso dar a conocer en Sudamérica, seleccionando a Rubén Darío para cumplir con tal propósito.

El 22 de diciembre de 1898 desembarcó en Europa, donde residiría el resto de su vida. Barcelona le pareció fecunda de energía, y gustó del humor catalán, que afirmaba que de acá se proveía de obreros a la colmena española, mientras el resto de España estaba poblada de zánganos. El 1º de enero de 1899 entró por segunda vez a Madrid, y sus primeras impresiones contrastaron con el auge visto en Cataluña. Sobre esta realidad enviará a Buenos Aires cuatro crónicas por mes, redactadas con su don de intuir la realidad subyacente bajo la exterioridad sensible. Conversa e interroga durante horas para informarse y mantener la excelencia de su labor; visita lugares que le provean datos, lee sobre historia, costumbres, política y el pensamiento de España, e iza visible su bandera de independencia intelectual e iconoclasta.
Desde 1892 -su primera visita- fallecieron varios de los mejores de las letras españolas (Zorrilla, Cánovas del Castillo, etc.), y otros como Campoamor y Castelar estaban en su ocaso. Sobrevivía Juan Valera, Núñez de Arce y Menéndez Pelayo, quienes justipreciaron sus creaciones y liderazgo en el modernismo. La condesa de Pardo y Bazán lo invitó a sus tertulias, donde departió con la alta aristocracia y lo mejor de la inteligencia española, y lideró a los nuevos escritores, entre ellos el que será el más grande de la Generación del 98: Juan Ramón Jiménez. Despidió a Emilio Castelar con una crónica imperecedera, juzgó a los poetas castellanos y caracterizó irreverente a los miembros de la Real Academia Española. Después de un año había escrutado y mostrado desde La Nación el alma de España finisecular.
Muy a su pesar reconoce que hay una España que no inspira entusiasmo, que los políticos logreros, caciques provinciales, el clero y los generales no reaccionan ante el desastre nacional, siendo inaudito que la continúen gobernando los que la llevaron al desastre, en vez de estar en la cárcel, o llevados al cadalso. Lo más desolador es la indigencia mental y la incultura general. Entre tanto desconsuelo una brisa refresca su alma: Francisca Sánchez, y una carta despeja su pensamiento: La Nación lo envía a París a darle cobertura a la Exposición Universal de 1900. Con tal misión cruza los Pirineos, visita el santuario de Lourdes, y entra a la Ciudad Luz, que arde de entusiasmo con la presencia de todas las razas, todas las lenguas y una abigarrada muchedumbre vestida con los trajes más vistosos y pintorescos del planeta.
A los 33 años Darío está en su plenitud mental, y aunque la bohemia impone el uso del tiempo, sus crónicas llegan puntuales a La Nación, profusas de imágenes, metáforas y juicios de valor sobre la Exposición, en especial, la parte artística, incluido un ensayo estético sobre la obra de Rodin y las joyas artísticas del museo del Louvre. En el frecuentado bar Calisaya conoció a Laurent Tailhade, uno de Los Raros, a Hugues Rebell, experto en arquitectura, y a Henry de Groux, pintor extraño y extraordinario. Una tarde, en compañía de Ernest Lejeneusse, Henry de Brouchard y el vizconde de Groze, vio acercarse a un grande, Oscar Wilde, autor de El retrato de Dorian Gray y De profundis, que pobre y olvidado vivía en un cuartucho del Hotel d’Alsace, en la Rue des Beaux-Arts, oculto en el seudónimo de Sebastián Melmoth, para protegerse de la insidia humana.
Después de Francia viajó a Italia a cubrir las expresiones del Año Santo, ocasión que aprovechó para admirar en Turín mármoles maravillosos y bronces cautivando hermosuras y pinturas excelsas; evocar en Génova la memoria del Almirante de la Mar Océano; recordar en Pisa a Galileo y conocer en San Pedro al nonagenario León XIII, que vestido de blanco en silla escarlata le pareció una perla en un pétalo de rosa. Conoció los sitios emblemáticos de Roma y Nápoles, donde visitó la tumba de Virgilio, el Vesubio y las ruinas de Pompeya; estuvo de paso en Florencia y navegó en góndola los canales de Venecia. En 1901 publicó España contemporánea, Peregrinaciones, y la 2ª edición de Prosas profanas, a las que agregó las Ánforas de Epicuro. En 1902 murió Carmen, su hija con Francisca Sánchez, a la que no conoció.
Concluida la Exposición Universal varios intelectuales hispanoamericanos se quedaron en París, entre otros, los argentinos Manuel Ugarte y Ángel Estrada, Rogerio Irurtia (escultor); los venezolanos Miguel Eduardo Pardo, Manuel Díaz Rodríguez, Rufino Blanco Fombona y César Zumeta; el pintor mexicano Alfredo Ramos Martínez; el colombiano José María Vargas Vila y su acólito nocherniego Gómez Carrillo. Los amores breves y tempestuosos se suceden uno tras otro -incluida una ex reina de Madagascar- y sus ininterrumpidos bacanales, además de protagonizar excesos absurdos, excéntricos y hasta indecorosos, le mantienen su economía en bancarrota. Sin embargo, su cosmopolitismo errante lo impulsa a viajar, conocer, asimilar y disfrutar otras culturas.
Así entre 1903 y 1904 se le ve en numerosas ciudades de España -Málaga, Madrid, Barcelona, Andalucía, Granada, Sevilla, Córdoba-, cuyas crónicas serían publicadas con el título Por tierras solares y de brumas. También viajó por Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, Bélgica, Austria-Hungríay Tánger, África. Al volver a París supo que el presidente Zelaya lo había nombrado cónsul general en París, cargo con el que Darío cree que llegó su bienestar y estabilidad económica, sin embargo, sólo le aumentó su intranquilidad. Su jefe en Europa fue Crisanto Medina, torpe y chabacano, a cuyo padre se le atribuyó el asesinato de Ignacio Sarmiento, abuelo de Darío, drama que generó mala voluntad contra el nieto, agravado, porque había oído que Darío es un gran poeta, y según su criterio ¡los poetas no sirven para nada!
En 1905 una metamorfosis cautiva a Darío. Padece delírium trémens, y a excepción de Francisca, soporte moral, no quiere saber de nadie. Se ha vuelto irascible, descontento, poseído por el terror de la muerte; no puede estar solo en la noche ni cerrar los ojos si no es con la alcoba iluminada, pues teme que con las sombras los muertos se sientan invitados a entrar. Está obeso, tiene la nariz y los labios prominentes y gruesos, sus movimientos lentos, la palabra escasa, postrado y en franco deterioro. En semejante crisis creó Canción de otoño en primavera (Juventud, divino tesoro, / ¡ya te vas para no volver!…), una de sus joyas líricas, en la que concentró las esencias sentimentales de su vida. Entonces tenía 38 años, pero el vacío provocado por la inmensa pesadumbre interior lo hacía sentir como si hubiese vivido un siglo.
Aún impactado por la muerte de su hijo Phocas, escribió Letanía a nuestro señor Don Quijote y Epístola; publicó Cantos de vida y esperanza. Los cisnes y otros poemas -incluido Salutación del optimista- y la 2ª edición de Los raros. En 1906 viajó a Bélgica, Inglaterra y Brasil, como secretario de la delegación de Nicaragua a la Conferencia Panamericana de Río de Janeiro. En Buenos Aires, La Nación le ofreció un banquete. Regresó a París -centro de la neurosis, ombligo de la locura, foco de todo surmenage- y pasó el invierno en Palma de Mallorca. Apareció su libro Opiniones, y prologó Alma América, del peruano José Santos Chocano. En el verano de 1907 Rosario Murillo llegó a París buscando reconciliación. El poeta la rechazó. En octubre nació Rubén Darío Sánchez (Güicho), y después viajó a Nicaragua. 
Ahuacalí, Managua, agosto 2015

sábado, 17 de octubre de 2015

Elogio de Frei Betto

Fernando Martínez Heredia

Nuestra Universidad se honra hoy, al honrar a Frei Betto. Y yo agradezco de corazón a mi antigua casa de estudios que me pidiera hacer el elogio de quien recibirá esta tarde el grado de Doctor Honoris Causa.
Conocí a Frei Betto una noche de enero de 1980, en un encuentro sandinista de educación popular, en una montaña cerca de Managua. Hablamos mucho y nació entre nosotros la amistad, y en mí la admiración. La mañana siguiente, durante el magro desayuno, me dijo al oído: “Yo creo en ti”. Nuestra amistad se convirtió en hermandad, y ha sido así hasta hoy.
Quiero que sea una voz mucho más alta que la mía, la del Comandante Fidel, la que comience este elogio. La tomé de un prólogo que le hizo a un libro de Betto, hace dos años, en la que comienza explicando que lo conoció en Nicaragua el 19 de julio de 1980:
“…en aquella conmemoración tuve el honor de conocer a Frei Betto, jubiloso y feliz con aquella revolución… Desde entonces pude percibir que se trataba de una persona de vasta cultura, amplios conocimientos y profundas convicciones. Motivado desde muy joven por la fe religiosa, transitó por la vía revolucionaria, debido a lo cual fue preso dos veces. La primera, antes de cumplir veinte años, la segunda, de 1969 a 1973.
Vivió en favelas y compartió su vida con los más pobres. Se consagró a la concientización y movilización popular, y reafirmó su contacto con el pueblo en la causa que abrazó para toda la vida.
Frei Betto tiene un alto concepto de la lealtad y de la amistad. Ha defendido a Cuba y a la Revolución con vehemencia, sin dejar de tener puntos discrepantes o diferentes de los nuestros, que fueron analizados y discutidos de modo constructivo entre revolucionarios y verdaderos amigos, como se comprueba en nuestro libro Fidel y la religión.”
Hemos escuchado la Resolución Rectoral que fundamenta de modo muy cumplido y detallado el otorgamiento de este título, y me releva de repetir hechos y cualidades de Betto que en ella aparecen. Soy entonces más libre para añadir a lo dicho algunos comentarios en esta breve exposición.
Betto tiene todas las condiciones necesarias para recibir un título como este de la Universidad de la Habana, porque se parece a ella. Nuestra universidad tiene varias caras: la de la exigencia y el rigor académicos, el estudio tenaz y metódico que no teme preguntar, dudar y discutir, y la excelencia de carreras reconocidas por el mundo. Es, al mismo tiempo, la casa en la que alumnos de varias generaciones aprendieron, junto a las profesiones, el civismo y la rebeldía, la madre de la grandeza irreverente de Julio Antonio Mella, el fundador, y la trinchera del gran dirigente estudiantil y líder revolucionario José Antonio Echevarría, que horas antes de caer peleando a pocos metros de aquí escribió: “que la pureza de nuestra intención nos traiga el favor de Dios para lograr el imperio de la justicia en nuestra patria”. Es la universidad de la Brigada de muchachas y muchachos sonrientes y armados que subieron con Fidel el pico Turquino en enero de 1960 y es el baluarte de ciencia y conciencia, de ideas y determinación patriótica y socialista que necesitamos tanto hoy. (3 069)
Betto ha publicado tanto desde Cartas de prisión en 1974 hasta hoy, que quien no escuche su biografía creería que se ha pasado toda la vida escribiendo. Ha hecho de la palabra escrita un arma que multiplica la comunicación entre los seres humanos que queremos una humanidad liberada, donde nadie sufra hambre y todos tengan futuro y vivan de su trabajo y sus goces, un cielo nuevo y una tierra nueva. La obra de Betto reúne magistralmente la concientización del lector, al invitarlo a no quedar pasivo y pensar y hablar él mismo, con la exposición de los hechos más relevantes que es necesario manejar y el sentido y las funciones de lo que se oculta o se trivializa mediante el mar de confusiones e idiotización que difunde la corriente dominante de información y formación de opinión. Frei Betto expone las tesis más profundas y las metas y consignas más radicales y urgentes con una claridad y unos atractivos formales ejemplares, juntando al fin a la belleza con la militancia.
El libro Fidel y la religión es un hito de la cultura revolucionaria del siglo XX. Para la revolución latinoamericana y la propuesta socialista, al mismo tiempo, porque derribó obstáculos de prejuicios, incomprensión, dogmas y desconfianzas que dividen o separan a los que han de luchar juntos. Para los activistas cristianos que dedicaban todos sus afanes y corrían todos los riesgos por una Iglesia como pueblo de Dios, comunidades eclesiales de base, acompañamiento de los pueblos que resisten o luchan y teología de la liberación,Fidel y la religión esparció luz, borró contradicciones y ayudó en la tarea concientizadora. El mayor líder, desde el único país socialista del continente, potenciaba su actitud creativa respecto a la ideología revolucionaria y la fe religiosa, mediante una conversación de ideas con un cristiano latinoamericano intelectual, combatiente y teólogo. En una coyuntura regional y mundial cada vez más adversa, Fidel y Betto presentaban una pieza maestra de renovación del campo popular, destacando a través de la palabra al alcance de todos que la vida altruista, que se da al hermano y a la causa de la mayoría oprimida, es incomparablemente superior a la vida mezquina del hombre que es lobo del hombre y esclavo del dinero, y se pliega o ayuda al sistema de opresión capitalista.
Los cubanos y cubanas conocieron también el decurso humano y la dimensión personal del héroe y dirigente excepcional, y así entendieron más su grandeza. Fortaleció también a los que no tenemos creencias religiosas y como marxistas revolucionarios rechazábamos el ateísmo. Leer aquel libro fue una fiebre nacional, pero su impacto internacional no fue menor. En 1995 ya tenía ediciones en veintiocho países, y ha seguido publicándose hasta hoy.
Entre tantos ensayos y frutos de investigación tan importantes que ha publicado Frei Betto, quiero al menos mencionar La mosca azul. Reflexiones sobre el poder, una joya de ciencia política, un libro profundo y punzante; es uno de los suyos que tiene edición cubana. Betto es también un contumaz autor de ficción, con personajes como niños de favela, Jesús de Nazareth o la familia Arienim, de su patria chica, protagonista de Minas de Oro, que es sin dudas una gran novela. Indagación científica y filosófica, textos para niños y jóvenes, y hasta un libro delicioso de recetas de cocina, completan su bibliografía.
Condenado a escribir, no es sin embargo la de autor de libros la cualidad mayor de Betto. Los más humildes y los obreros de Brasil lo proclamaron doctor suyo desde hace muchos años, porque puso su intelecto y su actuación junto a quienes enfrentaron mediante luchas cívicas a la prolongada dictadura y ha defendido hasta hoy los derechos del pueblo brasileño. Ha sido educador popular de campesinos y de gente de abajo en Nicaragua y en otros lugares del ancho continente nuestro, y un factor de primera importancia para que existieran y se desarrollaran las ideas y el movimiento de educación popular en Cuba. En todo tiempo, malo, bueno, peor o promisorio, Betto ha sido un extraordinario expositor y defensor del socialismo como el tipo de sociedad que se merecen y que deben conquistar los seres humanos, como la única posibilidad de salvar a la especie y al planeta, de convertir a la utopía en un más allá factible y que la tierra llegue a ser el paraíso de la humanidad.
Por eso es natural que Frei Betto sea el autor de innumerables textos breves que lee un sinnúmero de personas a lo largo y ancho del mundo. Profundos y convincentes, en prosa clara y hermosa, proveen datos, ideas, preguntas, sugerencias, orientaciones y esperanzas. En el páramo siniestro del ningún pensamiento al que pretende reducirnos el capitalismo, estos escritos son un precioso alimento para seguir caminando, resistiendo y combatiendo. Desde ese servicio que presta y desde el prestigio que tiene, Betto puede ofrecerle consejos como estos al militante de izquierda:
“No se puede ser de izquierda sin “ensuciar” los zapatos allá donde el pueblo vive, lucha, sufre. Alégrate y comparte sus creencias y victorias.
Teoría sin práctica es hacerle el juego a la derecha.”
“El verdadero militante, como Jesús, Gandhi, el Che Guevara, es un servidor, dispuesto a dar la propia vida para que otros tengan vida. No se siente humillado por no estar en el poder, ni orgulloso al estar. Él no se confunde con la función que ocupa.”
Escribiendo en su minúscula celda en el convento de la Rua Atibaia o en incansables viajes por el mundo, está siempre Frei Betto en función de servicio. En encuentros populares o en eventos más o menos solemnes trae su oratoria singular con voz apasionada y tranquila, encantadora de todos, que le da gusto al oyente al par que trata de hacerlo mejor persona. Me recuerda a otro fraile dominico, Bartolomé de las Casas, el que en 1514 en Sancti Spiritus dejó de ser encomendero y se convirtió, y siguió para siempre a Jesús entregándose a los explotados y humillados, los más pequeños; me recuerda a aquel fraile que comprendió que la oratoria es superior cuando por la boca habla el corazón.
Gracias, Frei Betto, por dar tanto, y por todo lo que seguirás dando. Y qué bien que a partir de hoy podamos llamarte, además de hermano y compañero, doctor honoris causa.