El diario granadino EL CORREO (1913-1934), fué fundado por quien fuera su Director, Carlos Rocha Avellán y es sobre todo recordado por haber dado acogida a las publicaciones literarias del Movimiento de Vanguardia, "Rincón de Vanguardia" y "Página de Vanguardia", a cargo de Pablo Antonio Cuadra Cardenal y Octavio Rocha Bustamante, hijo éste último de don Carlos y padre de Luis Rocha Urtecho, quien, junto con su nieto Luis Javier Espinoza Rocha, retoman hoy "El Correo Nicaragüense"; un blog pluralista, que agradece la reproducción de su contenido.

miércoles, 29 de mayo de 2013

MADRE

Columna vertebral
de los sueños,
puerta abierta sin salida,
cumbre del sentimiento sin medida,
 ánfora donde se acuna la vida,
oasis en el umbral del pensamiento,
ventana donde el cariño se posa,
mariposa de mil colores
en la red de tu mirada,
alforja que guarda la caricia
del mañana,
para ser la estrella
en el sendero de nuestros pasos.
 Montaña de abrazos,
para abrigar el frío de la soledad,
 mañana, tarde y noche,
 un trío de bondades en tu alma,
 Madre, ¿qué más puedo decir de ti?
     
EMILIO PÉREZ ARIAS
2013

MADRE

(De todo tiempo)
En la ventana
Abierta de tus pestañas
            Pernoctan los amaneceres idos,
       Tierra fértil donde ha nacido
El arco iris de tu mirada,
                                                                           Tropel de palabras,
                                                                   Naufragio de lágrimas
       En el estanque de tu sonrisa.
                                                                  Un planeta de versos mil
            Los pasos de tu cansado tiempo,
                                                                  Bitácora de la historia
                                                                  En el canal de tu voz,
                        Semáforo de mis pasos inconscientes.
                                               La galaxia de tu nombre,
            Autopista de mariposas poéticas
   Que alimentan la fragancia
                                                                  De tus manos,
        Para ser mujer de blanca sien,
   Espejo de mi alma rebelde,
           Caleidoscopio de mis recuerdos.
                                                                  Todo este decir, elixir
                 Que vaga por las calles del corazón,
                                                                  Para brotar en la piel
               De tu nombre celestial: ¡MADRE!


Emilio Pérez Arias.                                                                                        Mayo 2011

La Rayuela que cambió la lectura cumple medio siglo

Varios caminos de lectura y surrealismo inédito inmortalizan obra del argentino

Novela dio inicio al movimiento literario del realismo mágico en Latinoamérica

Franco Varise 12:00 a.m. 25/05/2013
Buenos Aires, Argentina. La Nación /GDA. “Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón...” Rayuela nunca fue una novela. Es más bien una especie de río abierto y caudaloso.
A 50 años de su primera edición, la creación de Julio Cortázar, también puede analizarse como un dispositivo extraliterario donde, como al inicio de esta nota, el autor apela al “gíglico”, idioma creado para la expresión absoluta.
El aniversario, que contará con conmemoraciones en Argentina y en Francia, donde vivió, plantea una pregunta: ¿Qué hace a esta obra tan fascinante todavía?
Experimentación sonora y sintáctica, posibilidades de lecturas diversas; interpelación a la participación del lector y una sutil postura contracultural evocadora de las contradicciones de los sesenta hicieron de este simple objeto de pensamiento, papel y tinta un artefacto potente.
Su secreto magnetismo cautiva a lectores de generación en generación. Con el tiempo, el texto ganó la admiración de grandes nombres de la literatura universal.
“Ningún otro escritor dio al juego la dignidad literaria que Cortázar, ni hizo del juego un instrumento de creación y exploración artística tan dúctil y provechoso. La obra de Cortázar abrió puertas inéditas”, expresó el escritor peruano Mario Vargas Llosa.
“Si no hay una voluntad de lenguaje en una novela en América Latina, para mí esa novela no existe. Yo creo que la hay en Cortázar, que para mí es casi un Bolívar de la literatura latinoamericana. Es un hombre que nos ha liberado, que nos ha dicho que se puede hacer todo”, consideró Carlos Fuentes.
“Prosa hecha de aire, sin peso ni cuerpo, pero que sopla con ímpetu y levanta en nuestras mentes bandadas de imágenes y visiones, vaso comunicante entre los ritmos callejeros de la ciudad y el soliloquio del poeta”, opinó Octavio Paz.
“Cortázar nos ha dejado una obra tal vez inconclusa, pero tan bella e indestructible como su recuerdo”, dijo Gabriel García Márquez.
Y las opiniones compiladas a lo largo del tiempo no escatiman elogios. Hoy Rayuela es parte del programa de lectura de muchas escuelas secundarias argentinas.
Algo impensado hace cinco décadas, cuando la novela irrumpió en la escena literaria de habla hispana como algo extraño.
Cortázar, que murió en París en 1984, compartió sus intenciones en una entrevista de la década del setenta: “A mí se me ocurrió, y sé muy bien que era una cosa muy difícil, un texto donde el lector en lugar de leer consecutivamente una novela tuviera opciones, lo cual lo situaría ya casi en pie de igualdad con el autor, porque él también había tomado diferentes opciones al escribir el libro”.
La primera página del libro se titula Tablero de dirección y destruye en el mismo umbral de la obra el orden formal entre “lo escrito” y “lo leído” al proponer dos maneras de leer las 600 páginas que siguen: de corrido, “en cuyo caso el libro terminaría en el capítulo 56 siendo el resto prescindible”, o como propone el autor, según un orden alterado en el que ubica como primero el capítulo 73, en cuyo caso todos los capítulos serían “necesarios”.
Así lo explicó Cristina Feijóo en una nota titulada El pensamiento de Cortázar en Rayuela, publicada en la revista literaria La Máquina del Tiempo.
Pero la invención de Cortázar no sólo fascina a otros escritores y a miles de lectores. También llamó la atención del mundo científico por su construcción basada en diferentes capas. “Rayuela es, sin duda, una novela excepcional que aborda una multiplicidad de temas y miradas acerca del hombre y del sentido de su existencia. Si bien algunos aspectos han envejecido mejor que otros, hay uno en particular que está hoy más vigente que nunca: la búsqueda. Rayuela es para mí, entre muchas otras cosas, una novela acerca de la necesidad de buscar, de buscarse y de buscarnos. Es además una búsqueda hacia adelante, hacia lo nuevo y desconocido, hacia lo abierto. Una búsqueda del hombre nuevo (como se ha señalado tantas veces) pero también de un nuevo lenguaje y de una nueva relación entre el lector y la novela. En estos tiempos que corren, el espíritu de búsqueda que representa Rayuela debería estar hoy más vivo y presente que nunca", consideró a LA NACION Gustavo Ariel Schwartz, investigador del CSIC en el Centro de Física de Materiales de San Sebastián, España.
El domingo 20 de octubre de 1963 se publicó en LA NACIÓN la crítica literaria a cargo de Juan Carlos Ghiano con el título: "Rayuela, una ambición antinovelística". En el texto, el autor, no sólo reseña la obra sino que también aporta datos de la "muchachada" literaria de la época a la que pertenecía el autor y señala como influencias a Alfred Jarry y el Joyce por fuera de Ulisses. Ghiano, que se declara admirador de Cortázar, desliza algunas críticas: "Rayuela, intensamente auténtica en algunos capítulos, muy pocos, decepciona y fatiga en la totalidad". Y agrega: "Cortázar ha querido ser el escritor voyant que pedía Rimbaud y del intento surge lo antinovelístico de su libro, tan preocupado por lo que intenta destruir que no siempre alcanza la novedad anunciada con insistencia".

Cortázar fijó su residencia definitiva en París en 1951, donde murió en 1984. Desde allí desarrolló una obra literaria única dentro de la lengua castellana. Algunos de sus cuentos figuran entre los más perfectos del género. Rayuela marcó un hito dentro de la narrativa contemporánea. Por eso, la editorial Alfaguara lanzó una reedición conmemorativa, y en París el Instituto Cervantes inauguró la semana pasada una exposición y publicó una guía de París basada en los lugares que menciona la novela.

Libro reúne la íntima poesía de Diana Ávila

Vida poética Publicación de Editorial Germinal muestra la obra escrita entre 1976 y el 2005, así como poemas inéditos y dibujos en tinta

Fernando Chaves Espinach fernando.chaves@nacion.com 12:00 a.m. 27/05/2013
Por años, Diana Ávila ha trabajado con esmero en unos versos muy íntimos. Ha publicado cuatro libros desde 1976, de los cuales ya ninguno se encuentra en librerías; como escribe Rodrigo Soto , es un “mito”.
Ahora, finalmente, se podrá leer su obra, pues Editorial Germinal presentará Gramática del sueño (poesía reunida 1976-2005 y poemas inéditos). La actividad se realizará el martes 28 de mayo, a las 7 p. m., en el Espacio Cultural Carmen Naranjo , en la Antigua Estación al Atlántico. Rodrigo Soto, Mía Gallegos y Elizabeth Odio comentarán este trabajo de su colega y amiga.
El libro contiene los poemas de El sueño ha terminado (1976), Contracanto (1981), Mariposa entre los dientes (1991) y Cruce de vientos (2005). Agrega 15 poemas inéditos y dibujos hechos en tinta.
Voz propia. “Uno trata de hacer dos cosas con la poesía: expresar algo que siente, y buscar cómo comunicarse con la vida, con el mundo”, explica Ávila, quien trabaja como editora y traductora.
Rodrigo Soto considera que Ávila “aspira a establecer una comunicación más directa, auténtica y espontánea con los lectores”.
La poesía de Ávila, en sus palabras, trata de temas de amor, del medio ambiente, de sus gatos y perros, y de su conexión con la naturaleza, expresadas de una forma íntima y muy personal.
“Cuando escribo, trato de que sea un poema abierto, y apelo a cosas profundas del lector, incluso inconscientes. Mi poesía está hecha de sueños”, cuenta Ávila.
Por trabajar con tal cuidado cada palabra, solo ha publicado cuatro colecciones. “La vida es un misterio, y tratar de capturar la vida en un poema es desafiante y muy pocas veces se logra”, dice.

Reunir su obra le ha permitido observar el crecimiento de su propio lenguaje, que podrá comprobar el lector. “Desde los primeros poemas hasta ahora se ve una evolución y el desarrollo de una forma de decir aquí estoy, lo que te duele, lo que te hace feliz...”, añade. 

martes, 28 de mayo de 2013

“La cultura no está en crisis; es crisis”

MARÍA ANTONIA SÁNCHEZ-VALLEJO Burgos
Umberto Eco (Alessandria, 1932) ha llegado a Burgos como el peregrino que remata su andadura en Santiago: con la sensación de haber cumplido una promesa. “Cuando tenía 20 años y preparaba mi tesis sobre estética medieval, veía que el modelo de los portales románicos que estudiaba eran las escenas del Apocalipsis de [las iglesias de] Castilla y León. Uno de los más bellos Apocalipsis se encontraba en Burgos, aunque ya no existe. Además, al escribir El nombre de la rosatenía en mente la idea de un bibliotecario ciego también de Burgos, de Silos; es decir, todas mis fantasías han pasado por aquí”, cuenta satisfecho. El semiólogo recibió ayer en la Universidad de Burgos un doctorado honoris causa –“el 39º”, recuerda- en Historia Medieval.
El escritor, autor de ensayos sobre comics y de novelas exitosas como la citada, de 1980, o El péndulo de Foucault (1989) –ejemplos de lo que los críticos han dado en llamar, no sin reparos por la contradicción, best sellers cultos-, aparenta veinte años menos y apenas si utiliza un bastón para apoyarse; de hecho, arrastra más las erres que las piernas. La víspera ha estado trepando por las escaleras de un archivo burgalés “donde se encuentran ejemplares con más de mil años de antigüedad, y sin embargo nadie es capaz de decirnos cuánto va durarnos un USB…” La conversación va de la ceca a la meca y vuelve a las andadas, del libro al ciberespacio; a juzgar por las continuas referencias informáticas, podría deducirse que si tuviera que reeditar su clásico Apocalípticos e integrados (1964), el célebre ensayo sobre la comunicación de masas, podría renombrarlo Apocalípticos y enRedados. De la Galaxia Gutenberg a la Galaxia Internet, el semiólogo italiano teje una sutil tela de araña plagada de referencias librescas y detalles tecnológicos y de actualidad a los que sólo pone un coto: ni una palabra sobre política italiana o la crisis europea.
En Europa han muerto 40 millones de personas. Pero la comodidad de atravesar las fronteras sin papeles ha hecho olvidar todo eso”.
Cosa extraña esta última, porque su discurso está empapado de un entusiasta fervor europeísta, aunque no deja de reconocer la crisis de ideas (o la lucha de tópicos) actual. “Sí, Europa está dividida en dos estratos: uno superior con una profunda identidad europea; usted lo sabe todo sobre el Fausto de Goethe, nosotros todo sobre Don Quijote, tenemos una cultura común. He encontrado hace poco una página bellísima de Proust, en el último volumen de En busca del tiempo perdido, cuando cuenta desde París la guerra contra los alemanes y cómo bombardeaban estos la ciudad, y sin embargo los personajes, que sabían que podían morir bajo las bombas, escribían artículos sobre Schiller. La clase intelectual (francesa), al margen de la guerra, continuaba sintiéndose europea. Esto no sucede con personas de otro medio intelectual, que no han comprendido todavía que tienen la suerte, por primera vez en cincuenta años, de no estar matándose entre ellos. En Europa han muerto 40 millones de personas. Pero la comodidad de atravesar las fronteras sin papeles ha hecho olvidar todo eso”.
Para forjar más Europa, Eco reivindica fórmulas de intercambio como el Erasmus. “Ha sido una gran idea, no sólo porque ha permitido conocerse, e incluso casarse, a europeos de distintos países, y permitirá crear en las próximas décadas una clase dirigente al menos bilingüe… Pero fuera de ese nivel es muy difícil. En un congreso de alcaldes europeos en Florencia, propuse para los trabajadores [municipales] un intercambio parecido al Erasmus, y salió un alcalde de Gales, y dijo: “Me la sopla que uno de los míos vaya a Ámsterdam; en todo caso a Londres… (risas)”.
Entre los oscurantismos de nuestra época, el medievalista destaca el racismo, aunque, como en todo, también en eso haya clases. “Es fundamental que la gente se encuentre entre sí en situaciones no conflictivas, el racismo se produce no cuando un español va a Turquía, sino cuando un turco viene a trabajar a España. El verdadero racismo es siempre el racismo del pobre contra el pobre, los ricos no son racistas porque no les afecta. Los pogromos fueron así, contra judíos, pero también contra los rusos más pobres. El problema es hoy el racismo debido a la inmigración, que no tiene nada que ver con la posibilidad de una educación europea. Si desaparece este sentido de la unidad europea estamos perdidos. Antes Europa podía contar con la ayuda de EEUU, hoy a Estados Unidos Europa se la sopla, ahora tiene sus problemas con China, con India… Europa tiene que arreglárselas sola”.
Hablando de Europa, resulta imposible sustraerse a la palabra crisis, aunque orille adrede lo político. ¿La crisis le sienta mal a la cultura, la perturba mucho o, al contrario, la espolea? “La cultura es una crisis continua. La cultura no está en crisis, es una crisis continua. La crisis es condición necesaria para su desarrollo”. ¿Y la mercantilización del producto cultural, o el riesgo de privatización del patrimonio? Es un fenómeno que en realidad tiene muchos siglos de antigüedad, recuerda Eco, en referencia al patrocinio privado de actividades culturales (la restauración del Coliseo romano por una firma de zapatos, o los palacios venecianos propiedad de grandes fortunas que exhiben su poderío y su logo): “Eso siempre ha existido. Virgilio era pagado por Augusto; Ariosto cobraba de un duque. De alguna manera, si yo hubiese vivido en el siglo XVII habría debido estado al servicio de un señor; hoy no, mi trabajo literario o docente me permite vivir. En este sentido, la cultura es hoy más libre. Todos los textos en el ochocientos se inician con una loa al señor, al rey, es como si hoy tuviese que encabezar todos mis libros con un elogio de Berlusconi (risas)… Es justo que una empresa colabore con fondos para restaurar el Coliseo de Roma…”
En sus múltiples escritos Eco ha dejado dicho que la verdadera felicidad es la inquietud por saber, por conocer. “Es lo que Aristóteles llamaba maravillarse, sorprenderse… La filosofía siempre comienza con un gran ohhh!” ¿Y el conocimiento es acaso como el viaje a Ítaca de Kavafis, un recorrido que no debe terminar jamás? “Sí, pero además el placer de conocer no tiene nada de aristocrático, es un campesino que descubre un nuevo modo de hacer un injerto; evidentemente, hay campesinos a los que esos pequeños descubrimientos procuran placer y a otros no. Son dos especies distintas, pero naturalmente depende del ambiente; a mí me inoculó el gusto por los libros de pequeño… Y por eso al cabo de los años soy feliz, y a veces infeliz, pero vivo activamente mientras que muchos viven como vegetales”.
Un bibliómano como Eco ha integrado la presencia de Internet en su vida diaria como en su día hiciera con el automóvil o el telefonino (que no suena ni una vez durante el encuentro): como un hecho consumado ni manifiestamente bueno ni todo lo contrario. “Internet es como la vida, donde te encuentras personas inteligentísimas y cretinas. En Internet está todo el saber, pero también todo su contrario, y esta es la tragedia. Y además si fuese todo el saber, ya sería un exceso de información… Si yo comienzo a estudiar en la escuela necesito un libro así [hace un apócope con las manos], no uno enorme, que no entenderé, a nadie se le ocurre darle la [Enciclopedia] Británica a un niño…”
Internet es una cosa y su contraria. Podría remediar la soledad de muchos, pero resulta que la ha multiplicado"
Como investigador, Eco utiliza Internet como lo que considera que debe ser, una herramienta, y no un fin en sí mismo. Por tanto, no augura conflictos de intereses -ni de espacios- entre lo virtual y la realidad tangible del papel, bien sea prensa o un volumen de mil páginas. “Se puede leer Guerra y pazen ebook, obviamente, pero si lo has leído hace diez años, y lo retomas, el libro objeto te mostrará los signos del tiempo y de la lectura previa… Releerlo en un ebook es como leerlo por primera vez. Es una relación afectiva, como ver de nuevo la foto de la abuela (risas)… El libro como objeto continuará existiendo, de la misma manera que la bicicleta sigue existiendo pese a la invención del automóvil; es más, hoy hay más bicicletas que hace unos años. Lo mismo podemos decir del fin de la radio por culpa de la televisión…”.
“Internet es una cosa y su contraria. Podría remediar la soledad de muchos, pero resulta que la ha multiplicado; Internet ha permitido a muchos trabajar desde casa, y eso ha aumentado su aislamiento. Y genera sus propios remedios para eliminar ese aislamiento, Twitter, Facebook, que acaban incrementándola porque relaciona con figuras muchas veces fantasmagóricas, porque uno cree estar en contacto con una bellísima muchacha que en realidad resulta ser un mariscal de la Guardia Civil… (risas)”.
El doctor honoris causa se despide recomendando una lectura de prensa casi con lápiz y papel. “Los periódicos han perdido muchísimas funciones. Por la mañana lo hojeo rápidamente porque las noticias principales ya me las ha contado la televisión, pero continúa siendo importante por los editoriales, por los análisis, y es fundamental no leer uno, sino al menos dos cada día. Se debería enseñar a leer periódicos a la gente, dos o tres, para ver la diferencia entre las opiniones, no para conocer las noticias, eso ya nos lo dice la tele”.

La televisión, esa tele vulgarizada hasta el extremo por obra y gracia de ese Berlusconi de quien sigue resistiéndose a hablar más que de pasada, pero que vino a ser, en versión embrionaria, la gran revolución sociocultural que Internet fue después. “La televisión en Italia ha hecho mucho bien a los pobres, les ha enseñado un nivel estándar de idioma, y mal a los ricos, que se quedaban en casa en vez de ir a un concierto. Y no hablamos de ricos o pobres en función del dinero que tengan, sino de ideas, de ganas. La televisión en Italia ha enseñado a hablar a masas de campesinos, obreros, en la Italia unificada. Internet es lo contrario: a los ricos que lo saben usar, les va bien; los pobres, que no lo saben usar, no tienen capacidad para distinguir”.